Felipe Bonilla de Maleza Proyectos en Entrevista

Un espacio que resulta de la alquimia entre diferentes visiones del mundo y el trabajo colectivo.

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Maleza proyectos nació hace poco más de un año en una casa del barrio Belalcázar en la localidad de Teusaquillo. En ella se han establecido múltiples diálogos no sólo en torno al arte, sino que se ha consolidado como un perfecto hervidero de ideas, propiciadas sin lugar a dudas por sus fundadores.

Hablamos con el artista Felipe Bonilla uno de los integrantes de Maleza proyectos. El equipo además además estáconformado por la artista Alejandra Tashko y los sociólogos Andrés Chapetón y Lorena Mejía. En este diálogo nos comentó sobre el significado de la multidisciplinariedad , las relaciones en los equipos de trabajo, los planes a futuro y mucho más.

¿Cómo nació Maleza?

LLeva gestándose un poco más de un año. Yo en ese momento estaba haciendo una residencia en Venezuela y me escribieron si quería participar. Había conocido a Alejandra Tashko y a Andrés Chapetón y me invitaron a pensar cómo íbamos a lanzar el proyecto. Ellos estaban haciendo adecuaciones de la casa que había sido de un pintor moderno llamado Arthur Tashko durante los ochentas. Él tenía aquí su taller y tenía montado todo.

Lo primero que hicimos fue organizar la casa. En ese momento el patio estaba lleno de plantas que no sabíamos qué eran, y pensamos que podrían ser maleza. Queríamos que el proyecto fuera una cosa muy orgánica. También queríamos creernos el cuento de que nosotros mismos habíamos crecido de la misma manera y que queríamos ser parte del circuito artísico; brota una semilla en algún momento y aparece una planta. De esa forma se gestó el proyecto, al igual que se gestó este jardín. Luego comienzan a aparecer adiciones y proyectos.

¿Cuáles han sido los proyectos que más ha disfrutado?IMG_20171110_155642-01

Por ejemplo estas fichas técnicas es uno de mis proyectos favoritos. Se hicieron con Miler Lagos y Echando Lápiz. Este colectivo está desde hace rato dibujando con la comunidad en unas libretas que ellos repartían, y la gente compartía lo que sabía sobre cada planta. Este proyecto nos llamó la atención y quisimos poner a dialogar esas visiones.

Miler Lagos un día quiso que los vecinos del barrio vinieran al patio a ver qué tipo de plantas había. Encontramos fresas, un árbol de limones, perejil y un montón de cosas. Fue muy bonito, porque ese conocimiento base dio la entrada al diseño de la catalogación de las plantas, no desde un ejercicio taxonómico, sino de compartir conocimiento en el hacer con la comunidad.

Otro proyecto, que fue uno de los primeros que hicimos, fue tardes de bordado los miércoles con toda la gente que quisiera venir, y nos poníamos a bordar y a echar chisme.

Más adelante vamos a hacer un taller de elaboración de quesos, y precisamente la cocina es uno de los espacios a los que más les hago fuerza en esta casa, tiene otra naturaleza y ahí pueden pasar muchísimas cosas.

¿A parte de las exposiciones y los talleres qué otras actividades se han realizado en la casa?

Hay talleres de artistas arriba, hemos hecho proyecciones. Es raro porque la gente que ha comenzado a sumarse al espacio se ha integrado a un nicho y cuando llegan a la casa muchas veces surgen planes espontáneos y terminamos haciendo un almuerzo, o viendo una película o hablando de diferentes temas, o incluso se arman fiestas de repente, que para mí también eso es muy válido que pase.

¿Cuáles son los planes a futuro?

Hace un año estuve en Venezuela y dentro de dos semanas vuelvo. Voy a hacer una investigación sobre video arte, video performance y animación. Voy a traer eso y se va a hacer una selección conjunta con un espacio que se llama El Avispero.

Me interesa mucho este momento de migración tan fuerte que estamos atravesando y quiero ayudar a acelerarlo un poco, es mi plan maligno. Entonces lo hago con la herramienta que tengo a la mano que es el arte. También se van a enviar unos videos para allá con el fin de establecer un diálogo. Quiero darle un poco de salida a propuestas que están surgiendo allá porque Venezuela está pasando por un momento de arte muy especial, puede que no social, o económico ni alimentario, pero en cuanto a arte es brutal precisamente por eso. Contrario a Colombia, porque las dinámicas de mercado están marcando todo lo que se está haciendo. Acabamos de pasar octubre y las ferias tienen stands como la Feria del Hogar. Acá hay unas dinámicas y unos lenguajes muy marcados, y si lo que uno hace no está dentro de esos lenguajes, no hay cabida para usted. Eso no pasa en un lugar como Venezuela donde no hay un mercado del arte y hay más libertad creativa.

En cuanto al futuro, eso es lo que viene. No ambicionamos volvernos cierto tipo de espacio, hemos dejado que todo vaya creciendo solo. En cualquier momento puede llegar una granizada y acabar con todo. Yo lo aprovecho lo que dure.

¿Cómo ha sido estar en un colectivo conformado por dos sociólogos y dos artistas?

A mí eso me parece riquísimo y eso está desde el principio. Yo notaba muchos choques, no de egos ni de discursos sino que habían cosas que me dejaban fuera de base cuando hablaba con mis compañeros porque tienen referentes que yo no tengo, tienen puntos de vista, tienen búsquedas que yo no tengo, incluso maneras de escribir, maneras de hacer, maneras de acercarse, y para mí eso es muy importante, y lo mismo para mí como artista solo, es muy importante estar fuera de base todo el tiempo.

Es muy cansón que haya artistas mirando artistas para producir arte. No tiene mucho sentido. Es bien interesante enfrentarse a otro puntos de vista. A veces es difícil lidiar con artistas. Ahorita va a haber un laboratorio de una chica que hace arte textil, con circuitos electrónicos, y yo hablaba eso con ella. Ella está acostumbrada a viajar. Ella es colombiana pero hace rato que no venía porque estaba recorriendo Argentina, Chile, y me decía que le gustaba trabajar mucho con la gente, pero no con artistas, porque se expande un montón todo lo que ella pueda aprender o todo lo que ella pueda aportar.

La verdad, yo estoy muy feliz de poder trabajar con otro tipo de personas. Eso a uno le da un campo de acción y de comprensión del mundo mucho más vasto.

 

Como ya es tradicional en nuestro espacio, ¿qué consejos les daría a los jóvenes emprendedores de la cultura?

Hay una frase muy linda, que es la epígrafe del texto de la exposición que tenemos en este momento “Lo que puede es lo verdadero, lo que quiere es lo falso”, que me parece que es muy poderosa y muy cierta. Me parece muy importante no congelarse nunca, si va a hacer, emprenda. Si tiene una pulsión, hágalo ya, o si no, no haga nada. Si yo no creyera en lo que estoy haciendo me quedaría en la casa jugando X Box, sin remordimiento. Pero desde el momento en el que uno se levanta de la cama a emprender un proyecto es porque lo va a terminar y a hacer lo mejor que pueda.

Es igual que una semilla. Una semilla no emprende su crecimiento si no tiene esa pulsión de vida. Es igual que cualquier movimiento que usted hace, un paso, es una cuestión básica de energía, si no tiene confianza en lo que hace, ni se tiene confianza a sí mismo, mejor quédese acostado.

También yo soy mañoso con eso, pero yo recomendaría de corazón, meterse sólo con personas con las que uno está dispuesto a trabajar. La vida es muy corta para tener relaciones con personas caprichosas y con las que no se entiende. Yo no creo mucho en meterse con alguien por conveniencia. La primera pulsión que tiene que haber entre un grupo de personas, igual que una relación de pareja, es de conocimiento mutuo, quererse y sentirse cercanos.

 

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