Black Mirror sin spoiler 

Charlie Brooker nos trae una nueva dosis de pesadillas con la cuarta temporada de Black Mirror.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Una pantalla apagada, un espejo que refleja nuestro propio rostro en una superficie destinada a reproducir imágenes digitales. Eso es Black Mirror, un soporte digno de materializar nuestras más temibles pesadillas, una antología de ciencia ficción, una colección de sueños mediados por una tecnología cada vez más intrusiva.
Esta serie que nos ha acostumbrado a un formato de episodios autoconclusivos, en su temporada más reciente sorprende al lanzar pistas a los espectadores, delgados hilos que se van tejiendo y van perfilando el horizonte tecnológico que nos depara el progreso.

Sin dudas, la colección de historias presentadas por la serie, se constituye como un auténtico museo del horror, potenciado por la verosimilitud de los relatos y de su relación con un mundo real, cada vez más invadido por tecnologías que hace sólo 10 años nos parecían imposibles.

Tal como en Black Mirror, con los adelantos técnicos ha llegado también la paranoia, y ya se están asentado en la cotidianidad escándalos cada vez más delicados referentes a espionaje, manipulación mental, pérdida de la privacidad, hackeos y prácticas corporativas abusivas.

Por eso es que el drama de Black Mirror se transforma en un vehículo tan eficiente de nuestras pesadillas, porque es ciencia ficción y es futurista, pero conserva sus raíces profundamente arraigadas en las entrañas de la revolución digital que seguimos conociendo en carne propia.

Sin embargo es fascinante pensar que algún día las invenciones presentadas en Black Mirror puedan verse en nuestras manos. Los relatos quedan a disposición tanto de tecnófilos como de tecnófobos.

Uno de los temas que me han aparecido más interesantes, ha sido el traslado de la consciencia humana, su manipulación extrema y los límites que se supone debemos cometa a plantearnos ad portas del despegue del posthumanismo.

Más allá de si es ético o no manipular a un humano digitalizado, esa manipulación de la consciencia da pie a una sensación incómoda de estás viviendo un sueño lúcido, dónde debemos encontrar perpetuamente una prueba contundente de estar despiertos.

Es probable que Black Mirror plantee tantos interrogantes como en su momento hizo Matrix. Pero las series pueden explotar de diferentes modos sus enredos, y llegar a sitios donde los filmes no pueden.

Esto se nota con cada uno de los aportes de los diferentes directores. A cada nuevo punto de vista se suma un mundo entero por explorar, aportando riqueza visual. Cada episodio es un agasajo a la vista.

Por todas estas razones recomiendo ver la nueva temporada de Black Mirror. Personalmente considero que es la mejor hasta el momento. Una red de Soma deliciosa, en la que dejarse caer.

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