Estrategia y seducción en la lectura

Caer en las redes de la literatura es cuestión de método.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Los libros nos hacen gozar y sufrir, pero la lectura no debería convertirse en un suplicio. Existen obras que se nos presentan esquivas y rígidas, mas ello no debería constituir un impedimento para disfrutar de su compañía. Leer, más que recorrer con la mirada una serie de grafismos, es deshilvanar una madeja de pensamientos que el autor nos propone, donde entender su contenido es sólo cuestión de método.

Al momento de enfrentarnos a una lectura debemos discriminar bien el texto que tenemos en nuestras manos. Existe una diferencia radical entre leer un documento académico y una obra literaria, y cada uno requiere sus propias estrategias de interpretación.

Por ejemplo, los textos académicos no deben abordarse sin que estemos armados de algún soporte de anotaciones. Es importante ir desglosando las ideas en un papel a parte para poder comprender adecuadamente la estructura subyacente de las ideas propuestas por el autor. También es válido subrayar y utilizar calcomanías con los que podemos desarrollar códigos de colores para tener una visión más clara de lo que estamos leyendo.

En general, cuando encaramos un texto académico, el uso de diagramas facilitará la comprensión del texto. Valernos de herramientas como cuadros sinópticos, mapas mentales, cuadros comparativos o diagramas de flujo nos aportará un panorama mucho más amplio para entender los conceptos que a primera vista puedan resultarnos borrosos e indeterminados.

Otra de las técnicas que tenemos a nuestro alcance es la de realizar varias lecturas con diferentes niveles de profundidad. La primera será, una lectura de contextualización del texto y del escritor.

En ella, nos separaremos un poco del libro y comenzaremos a ubicarlo temporal y espacialmente en el marco de referencia biográfico del autor. Esto implica también intuir qué pensamientos rondaban su cabeza al instante de desarrollar su obra académica.

Posteriormente, comenzaremos a identificar la estructura visible del texto y revisaremos cada una de las partes, los capítulos, títulos y subtítulos que contenga. Luego leeremos el primer y el último párrafo de cada apartado y con esto lograremos establecer un primer vistazo global al documento. Sabiendo de dónde partimos y adónde llegamos estaremos mucho más orientados.

La siguiente lectura que realizaremos será una pasada rápida general por todo el texto y en ella trataremos de identificar la estructura subyacente del libro. Podremos determinar cómo es la enunciación de las ideas, qué estilo utiliza el autor para desarrollar sus pensamientos, qué ejemplos expone, la temática y qué preguntas son el hilo conductor de la exposición.

También estaremos en condiciones de a indagar en nosotros mismos y a anotar qué inquietudes nos quedan, qué otro material bibliográfico debemos revisar para comprender el texto a cabalidad y cuál será nuestra estrategia para lograr una comprensión profunda adecuada al reto.

En este punto, nos concentraremos entonces en rellenar los baches que hayamos podido identificar. Consultaremos algunas obras de referencia propuestas por el autor en su texto, completaremos el glosario personal y nos ubicaremos dentro de este mapa de conceptos para visualizar qué puntos hacen falta conectar y cuáles son las carreteras de la información que usaremos para comprender nuestra lectura.

Finalmente nos zambulliremos por completo en el texto y leeremos cada una de las palabras con detenimiento. Ahora es cuando debemos exprimir el jugo a las letras que tenemos al frente y será necesario releer cada uno de los párrafos para alcanzar nuestro objetivo de conocer los pormenores del texto.

Por supuesto que no es lo mismo leer un tratado de historia que la historia en una novela. Sin embargo, sería un error dar por sentado que para leer literatura recreativa no existen estrategias. La cuestión está en que la lectura académica transmite conceptos mediante estructuras racionales determinadas por un conjunto de estudiosos, mientras que la escritura creativa los transmite haciendo uso de unas gramáticas subjetivas y que conectarán con el lector a un nivel mucho más personal.

A pesar de estas diferencias, también podemos estudiar racionalmente una obra maestra literaria a partir de las técnicas académicas, aunque corremos el riesgo de perdernos el encanto al no poseer todo el bagaje de los académicos literarios.

Con cierto tipo de obras, como las sagas familiares o de héroes, se hace necesario sacar el lápiz y el papel para orientarnos un poco por la trama. Los casos más representativos son los clásicos de Homero, donde requeriremos tomar algún apunte referente a la infinidad de nombres que cada uno de los personajes recibe.

Sucede lo mismo con obras como Cien años de soledad, donde es casi imposible no enredarse con la cantidad de Buendía que aparecen con nombres repetidos. Trazar el sendero nos permitirá usar los esquemas como brújula y podremos comprender mejor algunos detalles trascendentales que podríamos estar omitiendo si descartamos el uso de las anotaciones respecto a los personajes.

Igualmente, algunas obras traducidas de idiomas que nos resultan completamente desconocidos requieren que anotemos el nombre de sus personajes acompañados de alguna descripción. Personalmente, que tengo mala memoria y que los nombres me cuestan particularmente más trabajo, llevar un registro de los protagonistas, incluso dibujándolos a partir de las descripciones, me ha permitido compenetrarme más con sus historias.

Pero no todo es cuestión de anotar y diagramar. Se trata sobre todo de leer inteligentemente y no sólo de lamer con la mirada las manchas de tinta en el papel. A medida que fortalecemos nuestras habilidades lectoras, somos capaces en mayor medida de identificar sutilezas y bocadillos que el autor dispone para nosotros.

Identificar el estilo mismo del autor y las estrategias que usa para escribir nos va a llevar inevitablemente a leer el contenido oculto. El espacio entre las palabras se hará visible y podremos saborear el contenido subjetivo y la psicología de los personajes.

De esta forma debemos estar preparados para formas de escritura transgresoras, incluso crudas y agresivas con el lector, pero que van a enmarcar el sentimiento visceral de la trama. En muchas ocasiones encontraremos usos del lenguaje ajenos a la cotidianidad, pero que contendrán la belleza del pensamiento humano. Es en este nivel donde la magia sucede y la lectura adquiere un aire poético donde conectamos con la esencia viva del relato.

Leer es un placer y, más allá de las dificultades que nos propongan los libros, si la disfrutamos a consciencia podremos apreciar las letras en todo su esplendor. Por lo tanto, se nos antoja crear nuestras propias estrategias de lectura para hacer de ella una disciplina como lo es la cata de vinos. Al momento de abrimos al mundo de la literatura, nos transformamos en recipientes de alma y humanidad.

Un pensamiento en “Estrategia y seducción en la lectura

  1. Me gustan las ideas propuestas. En lo personal me sorprende la gente que no subraya ni hace anotaciones en los libros. Creo que el papel es para rayar, escribir, anotar; ya sea académico o literario: hacer tuyo un escrito es contribuir al mismo con algo personal. ¡Saludos!

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