Sobre escuchar música en los tiempos del streaming

Algunas reflexiones sobre cómo podemos escuchar mejor la música, ahora que tenemos mayor acceso a ella. Además, recomendamos una lectura al respecto.

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En la actualidad, muchas de nuestras actividades han cambiado debido a los avances tecnológicos y las miles de opciones que existen en Internet. Escuchar música es una de estas actividades, y sin duda alguna, ha sido una de las que más ha cambiado. Esto se debe en gran medida, a muchas nuevas maneras de acceder a la música. Internet nos ha hecho todo más fácil, con muchas herramientas, en especial las plataformas de streaming, en las que estamos a un click de distancia de más música de la que alguna vez imaginamos escuchar.

Hay ventajas que pueden verse de inmediato, pero lo cierto es que esta situación puede verse por un lado un poco menos favorable. Desconectarnos de lo que escuchamos es más fácil, pues es muy sencillo darle play a una lista de reproducción curada por alguien más y dejar que suene sin realmente prestar atención a lo que suena. Entonces, nos volvemos menos participativos frente al acto de escuchar música, y mucha música pasa por nuestros oídos sin ser realmente escuchada, sin que algo de ella se quede con nosotros. Por esta razón, muchos compositores y productores de música popular crean los éxitos de hoy siguiendo una cantidad de fórmulas para garantizar la atención y recordación por parte de un oyente.

Esto también tiene sus desventajas, porque al ser bombardeados constantemente (incluso sin darnos cuenta) con fórmulas comerciales, puede que nuestro sentido de apreciación de la música se vea afectado. Si una canción no nos atrae en los primeros veinte segundos, pasamos a la siguiente, por ejemplo. Los algoritmos que usan nuestra información personal para recomendarnos música hacen que sea cada vez más difícil descubrir música por casualidad.

Con plena consciencia de estas situaciones y otras más con respecto a cómo escuchamos música hoy, el periodista y crítico musical Ben Ratliff publicó su libro “Every Song Ever: Twenty Ways to Listen in an Age of Musical Plenty” en el 2016. Este libro nos muestra veinte características que podemos buscar y encontrar en la música que escuchamos, para hacernos oyentes mucho más conscientes. Ratliff propone que los parámetros de ritmo, tono, armonía, y melodía (explicados por Aaron Copland en “Cómo escuchar la música”) ya no son suficientes para entender la inmensa oferta musical actual. Además, escuchar y entender pensando en estilos cada vez aplica menos, pues cada vez hay menos límites o separaciones entre los estilos y clasificar lo que escuchemos según un estilo definido ya no es tan fácil.

Lo que Ratliff propone entonces, es que estas características para escuchar no provengan de lo estrictamente musical. Es importante notar que Ratliff está teniendo en cuenta los factores de las diferentes tradiciones musicales alrededor del mundo, pues no toda la música que hay sigue los parámetros de lo erudito, o de lo académico. Por esto, tiene sentido que las razones por las que, como oyentes modernos, nos conectemos con la música, vengan de lugares considerablemente más personales, que podamos relacionar más con nuestra propia vida.       

Hay algunas de estas características que pueden asociarse fácilmente con el lenguaje musical, como por ejemplo la repetición, la lentitud, la rapidez, o el volumen. Sin embargo, la forma de explicarlos no se limita a este tipo de lenguaje. Por ejemplo, Ratliff considera la lentitud y la rapidez como dos características o aspectos diferentes, en vez de considerarlas variaciones de una característica principal, el tempo. Parece ser que la diferencia está en que definitivamente percibimos y nos fijamos en cosas muy diferentes al escuchar una balada jazz, por ejemplo, que al escuchar un tema de punk a un tempo muchísimo mayor.    

Otros de estos aspectos tienen más que ver con la interpretación, como el virtuosismo, o la improvisación. La expresividad también es un factor común en otros aspectos nombrados por Ratliff, que ya empiezan a desprenderse un poco de la terminología musical, pero que sin embargo podemos percibir en la música que escuchamos, como la densidad o emociones como la tristeza. Incluso, el silencio puede ser interpretado como una característica sonora que aporta a la expresividad.

Hay otros, muy importantes, que hacen referencia a un sentimiento colectivo, cuando a través de la música encontramos cercanía, unidad, memoria, y lo que Ratliff llama un “momento perfecto”. Este momento perfecto es muy difícil de definir porque puede ser causado por prácticamente cualquier cosa dentro de la música, y es realmente muy subjetivo. Pero a pesar de su carácter subjetivo, muchos lo hemos experimentado, por ejemplo, la sensación de escalofríos con un simple gesto musical: este puede ser un momento perfecto.

Finalmente, todos estos aspectos que podemos encontrar en la música, dentro de su enorme variedad, pueden ser de gran ayuda para reconectarnos con lo que escuchamos. Si nos fijamos en alguna de estas características, seremos oyentes más activos y participativos, podremos salir de la zona cómoda de las recomendaciones de los algoritmos, conocer y apreciar música diferente, y establecer conexiones más personales con la música. Sin duda, este libro de Ben Ratliff es una lectura recomendadísima para músicos y amantes de la música.

 

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