“Los Planetas” de Holst

Una de las obras más significativas de principios del siglo XX pronto cumplirá un siglo. Nos adelantamos unos meses a su cumpleaños para hablar de su contenido y su legado.

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La suite “Los Planetas” es posiblemente el trabajo más reconocido del compositor británico Gustav Holst. Fue estrenada en septiembre de 2018, y su legado ha permanecido vivo hasta la actualidad. Para empezar a hablar de esta obra, primero hay que hablar de su género, por decirlo así. Una suite es una colección de piezas instrumentales, o movimientos, que suelen tener algún tema o elemento común (siglos atrás, se conocía a la suite como una colección de piezas para danza).

El tema en común de esta suite de siete movimientos es la astrología, más que la astronomía. Cada movimiento representa a un planeta y a características asociadas a él y su influencia: Marte, Venus, Mercurio, Júpiter, Saturno, Urano, y Neptuno. Holst empezó a componer esta suite en principio para dos pianos, la decisión de arreglarla para una gran orquesta vino después. La orquesta que Holst concibió para interpretar la suite es uno de los puntos más característicos de esta, pues al ampliar muchas secciones de la orquesta, se abrieron muchísimas posibilidades sonoras y mucha flexibilidad a la hora de transmitir las sensaciones propias de cada planeta.

Ahora, es momento de hablar un poco de cada uno de los movimientos de la suite. Debajo está un link de la obra completa junto con el score, para escucharla e ir siguiendo la partitura al tiempo (recomendamos verlo en pantalla completa y en HD).

“Marte, el Portador de la Guerra” abre la suite. Este tal vez es uno de los movimientos en los que la característica o idea a expresar es más fácil de entender. Desde el inicio nos sugiere una marcha, por medio de un motivo muy rítmico y constante, así como el uso de las secciones de vientos, las dinámicas muy fuertes y pasajes donde está toda la orquesta tocando con fuerza una misma idea. Todos estos elementos nos sugieren guerra, terror, y violencia.

El siguiente movimiento genera un contraste inmediato, es “Venus, el Portador de la Paz”. Es un movimiento considerablemente más lento y lleno de sutilezas. Las dinámicas tampoco son tan fuertes, de hecho, hay una gran cantidad de silencio, en el que los solos de algunos instrumentos tienen mucho más lugar para brillar. Este movimiento, como su nombre lo indica, transmite mucha tranquilidad, tanto así, que los cambios de métrica que tiene no se sienten abruptos en lo absoluto.

“Mercurio, el Mensajero Alado” fue el último movimiento en componerse, y es el más corto de la suite. Tiene un carácter mucho más animado, debido en gran medida a un tempo más alto y una métrica ternaria que lo impulsa. Algunos de sus motivos pasan de instrumento en instrumento, sugiriendo comunicación, una de las características astrológicas del planeta Mercurio.

“Júpiter, el Portador de la Alegría” sigue llevando el ánimo hacia arriba, además es uno de los movimientos más reconocidos de la suite completa. A pesar de un aumento en la dinámica y de nuevo mucha fuerza en los vientos, elementos en los que es similar a “Marte”, la intención de “Júpiter” es totalmente diferente, este movimiento se siente cargado de triunfo y majestuosidad, a pesar de tener elementos que puedan representar algo más oscuro, como patrones rítmicos complejos en los que se percibe una influencia de Stravinsky y cambios más notorios de métrica.

“Saturno, el Portador de la Vejez” vuelve a introducir un fuerte contraste, con un inicio lento y melancólico. A lo largo del movimiento hay un pulso constante, como si fuera un reloj, una idea musical muy acorde con el paso del tiempo y la llegada de la vejez. La sonoridad de las campanas es muy característica de este movimiento.

“Urano, el Mago” es un movimiento en el que hay muchos contrastes. En algunas secciones puede sentirse muy animado, incluso con matices de humor, pero en otras secciones, nos puede recordar un poco al terror y la imponencia, similar a “Marte”. Este tipo de ideas tan diversas pueden ser asociadas muy fácilmente al personaje del mago, que es poderoso y excéntrico a la vez.

La suite termina con “Neptuno, el Místico” (personalmente mi movimiento favorito). Este es otro movimiento lleno de sutilezas y silencios, pero a diferencia de “Venus”, genera una atmósfera que nos transmite una sensación completamente diferente, que nos lleva a lo desconocido. Hacia el final de este movimiento aparece un coro femenino, algo que no había aparecido en toda la suite hasta ahora. Holst indicó que este coro debía permanecer oculto al público, aportando aún más a toda la atmósfera misteriosa de “Neptuno”. Las voces son lo único que queda al final, bajando en dinámica hasta desaparecer por completo, dando conclusión a la obra.

 

Después de este viaje sonoro, hay varias cosas por concluir. Esta obra está llena de contrastes a lo largo de sus siete movimientos, sin embargo, esto puede ser una de las grandes fortalezas de la obra, pues siempre estaremos a la espera de qué es lo que vendrá a continuación. Además, las diferentes formas en las que Holst expresó las características de cada planeta son inteligentes, comprensibles, y profundas. Cada movimiento invita al oyente a interpretar y sentir a su modo la paz, la guerra, la alegría, o el misterio.

Esta obra de Holst ha sido de gran influencia en muchos compositores de nuestra época, sobre todo en quienes componen música para cine, en donde expresar sensaciones es el objetivo. Esto es especialmente notorio en el compositor John Williams, en piezas como la “Marcha Imperial” de Star Wars. Además, muchos otros compositores alrededor del mundo, inspirados en Holst, han compuesto piezas adicionales representando a los cuerpos celestes que no se incluyeron en la obra original (Plutón, la Tierra, algunos asteroides, etc). Todo esto nos lleva a concluir que cien años después, los aportes de Holst a la música permanecen, y aún no acaban.

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