Arte, cuerpo y performance

Una pincelada a una de las ramas más destacadas y polémicas del arte contemporáneo.

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En el devenir del arte del siglo XX hubo una explosión de pensamientos que pusieron en duda toda concepción occidental referente a la expresión plástica, y una de las consecuencias, fue el establecimiento del arte de performance.

En la performance existe un perpetuo intercambio en el tiempo de fuerzas entre el cuerpo tanto del artista como de los espectadores, las acciones y movimientos que desarrollan y ejecutan dichos cuerpos, los espacios que habitan durante la acción y, por lo tanto, la puesta en escena. Todo esto para que una constelación de interrogantes quede flotando en el aire con la intención de fundar una experiencia estética.

La performance ha sentado las bases del diálogo entre el arte conceptual y el cuerpo en escena. Es el descubrimiento de la poética de la acción, ya sea de carácter cotidiano o absurdo. Cada uno de los gestos de los que se compone, hacen parte de una curva expresiva transmisora de tensiones.

A pesar de que la performance puede transgredir los límites de toda lógica, requiere de la contundencia de un inicio y un final definidos. Durante la planeación, la elaboración de un guion puede ayudar a esclarecer algunos de los aspectos conceptuales y plásticos más relevantes para el artista.

La condición de expresión efímera provoca que la performance haya comenzado a valerse de medios de registro como el sonido, la fotografía o el video. Es a través de estas constancias que podemos reconstruir una historia de este campo artístico que exponentes como Joseph Beuys, John Cage, Marina Abramovic, Marta Minujín o María Teresa Hincapié.

Los límites entre la performance, el teatro y la danza serán siempre nebulosos. Insistir en una categorización de las expresiones creativas puede resultar ser un absurdo inoficioso porque el ingenio humano no puede ser clasificado. Hasta no poder definir bien todos estos conceptos será imposible dilucidar si una acción pertenece enteramente a una escena u a otra.

Más allá de esta discusión estéril, lo que es enteramente cierto es que el uso del propio cuerpo como herramienta poética va a terminar vinculando saberes de múltiples ramas del saber. El desarrollo histórico de la performance se ha nutrido del trabajo previo del teatro, la danza, la música y la plástica.

El descubrimiento del cuerpo como medio plástico no puede datarse entre las últimas generaciones de artistas ya que el cuerpo siempre ha sido un instrumento comunicativo al que el humano incluso ha estado dispuesto a modificar, como la piedra de las venus y las cañas de las flautas. El gran hito que marcó la performance es más bien una contestación hacia los paradigmas de la gran institución del Arte occidental, donde hasta bien entrado el siglo XX sólo había arte donde había objeto.

El reconocimiento de la performance como práctica artística implicó no sólo un relativo desprendimiento del fetiche material, sino también, asumir una consciencia sobre la poética de los actos mundanos.

En este sentido, la performance es uno de los frentes de vanguardia del arte conceptual, que redigiere toda una tradición histórica del arte para plantear interrogantes que transfiguran las nociones de la plástica que se gestaron en la modernidad. Es una reacción a penas natural ante las posibilidades de encontrar tanto belleza como dolor en los actos humanos, más allá de lo que los dictámenes de las instituciones validadoras del arte definían hasta mediados del siglo XX.

 

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