La impecable fotografía de la Escuela de Düsseldorf

Una pequeña revisión a una de las cátedras de fotografía más influyentes en el arte contemporáneo.

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La historia de la imagen fotográfica contemporánea tiene un antes y un después de la primera cátedra de fotografía artística dada en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, pionera en su tipo en Alemania e impartida por el matrimonio Becher.

El trabajo docente de Hilla y Bernd causó tal conmoción en el mundo de la fotografía que los parámetros estéticos que fundaron siguen vigentes y han impregnado la cultura visual de todo el globo. Es esta época de sobreabundancia de imágenes, una gran cantidad de fotógrafos, profesionales, empíricos o instagramers, tienen sin saberlo en la mayoría de las ocasiones, patrones estructurales heredados de los treinta años que duró la cátedra, demostrando que los Becher postularon un gran tajo del lenguaje fotográfico contemporáneo.

Hilla y Bernd nacieron en los años 30. Se conocieron mientras estudiaban pintura en las aulas de la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf. En 1959 realizan la primera colaboración de la que sería una larga e influyente carrera como fotógrafos. Orientaron sus objetivos hacia estructuras industriales abandonadas y comenzaron a crear series de estas Esculturas anónimas siempre similares y siempre con una línea argumental de auge y decaimiento.

Dos años más tarde se casarían y continuarían en la búsqueda de silos de almacenamiento de granos, tanques de agua y graneros alrededor de los Estados Unidos y Europa.

Su trabajo riguroso y obsesivo, desprovisto de toda distracción, personaje o color, los llevó a recibir la propuesta por parte de su alma mater de crear la cátedra que cambiaría el mundo de la fotografía.

Para ese instante, 1971, la fotografía había tenido un desarrollo que la había llevado de ser una mera curiosidad de feria, a ser tenida en cuenta dentro de las posibilidades de creación plástica. Sin embargo, la consolidación de esta cátedra fue el espaldarazo final para que los artistas cuyo principal insumo era la cámara entraran a los circuitos del arte.

Algunos de los exponentes más destacados cuyo trabajo quedó profundamente marcado por la clase de los Becher fueron Candida Höfer, Thomas Ruff, Thomas Ströth, Petra Wunderlich y Andreas Gursky entre muchos otros.

Precisamente, Candida Höfer es una de las fotógrafas más representativas dentro del alumnado de los Becher. Sus fotografías condensan no sólo los elementos que Hilla y Bernd enseñaron en sus clases, sino que también perciben la influencia de las Esculturas anónimas de sus maestros. Espacios impersonales, con tomas de larga exposición para eliminar cualquier personaje que pudiera haberse colado, retratos a color de recintos de gran tamaño con una gran cantidad de detalles que sin embargo se transforman en texturas casi uniformes por el uso de diafragmas cerrados.

Otros de los estudiantes destacados de los Becher son Thomas Ströth y Andreas Gursky. La proeza del primero fue haber sido el primer artista vivo en haber expuesto en el Museo del Prado. Mientras tanto el segundo ostentó el récord de la fotografía más cara jamás vendida hasta 2011, arrebatándole el puesto a Cindy Sherman. La fotografía fue vendida por 4,3 millones de dólares.

Más allá de lo que representan estos hitos fotográficos, la importancia del trabajo de los creadores pertenecientes a la Clase de los Becher es la manera en la que han incorporado una serie de características a sus propios trabajos. A pesar de que no se consolidaron como colectivo, cada uno de los exponentes de este grupo tiene una producción de imagen consistente con la del resto de sus condiscípulos.

Las lecciones de Hilla y Bernd propendieron por la búsqueda de cierto distanciamiento entre el fotógrafo y el tema fotografiado, una meticulosidad milimétrica en cada una de las tomas y por una composición impecable de cada una de las imágenes fotográficas.

Esta serie de elementos dota a la gran mayoría de las imágenes del grupo de cierta objetividad casi científica. Resultan imágenes dotadas de frialdad, impersonales y distantes, pero cuya composición visual es hipnótica.

La especialización de algunos miembros del grupo en ámbitos arquitectónicos llevó a la consolidación de un lenguaje muy característico de la fotografía de edificaciones y espacios tanto abiertos como interiores. La limpieza de las imágenes producidas ha sido un referente obligado de todos los estudiosos de la fotografía de los últimos 40 años y su particular estética ha llegado a impregnar la cultura popular.

No es inusual encontrar en Instagram, o en cualquier otro banco de imágenes, fotografías con los elementos característicos de la Escuela de Düsseldorf. En especial, la fotografía arquitectónica contemporánea se rige por los estándares de los Becher y de Candida Höffer. Estableciendo esta relación, es fundamental recordar que, a pesar de la aparente vacuidad de las propuestas realizadas en las redes sociales, estas expresiones están siempre sujetas a una historia y un desarrollo.

La Escuela de Düsseldorf logró fundar una revolución para muchos desconocida, pero que ha llegado a calar en el pensamiento visual de quienes disponemos de una cámara. Si como ejercicio se hace una captura a un espacio arquitectónico, lo más probable es que el resultado se asemeje a lo que los Becher buscaron en su alumnado.

Desde el contexto que nos cobija, a pesar de que la influencia de la Escuela de Düsseldorf es tan penetrante, no se puede dejar pasar sin al menos reconocer su influjo en la fotografía contemporánea; para, con dichos insumos, poder continuar con la exploración de la imagen fotográfica sin repetir lo repetido y consolidando un lenguaje por sí mismo propio.

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