HARTO, Feria de arte necio

Una feria relámpago atronadora.

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El pasado fin de semana del 27 y 28 de octubre, fue el clímax del mes del arte en Bogotá. Toda la ciudad estaba concentrada en mostrar su mejor cara al mundo artístico, con todos los mecanismos mercantiles ajustados para hacer de la cultura el mejor negocio por estos días.

Sin lugar a dudas, el epicentro de este movimiento es Artbo, una de las ferias de arte más grandes dentro del circuito global.

Ante todo el esfuerzo por comercializar el trabajo de miles de artistas, curadores, galeristas, productores y gestores, surge el interrogante por la forma en la que las dinámicas económicas, sociales y culturales determinan y gobiernan las vidas de artistas emergentes que quedan, en su mayoría, relegados de la escena.

Con este panorama en frente, surge HARTO, feria de arte necio, una iniciativa relámpago de estudiantes y egresados de la Escuela de Artes Plásticas y visuales de la Universidad Nacional de Colombia.

El evento fue realizado en las instalaciones de la Corporación de Residencias Universitarias 10 de Mayo, a tan solo unos cuantos metros de Corferias. Las residencias en sus últimos tiempos han venido ejecutando la visión de resignificar sus espacios, sin olvidar que poseen una carga simbólica que atraviesa el hecho de ser parte del Centro Nariño, patrimonio cultural de la nación, y en adición, que su historia ha atravesado episodios tanto brillantes como oscuros, donde el movimiento y la dignidad estudiantil han sufrido terribles golpes.

Enmarcado en este contexto, HARTO se sitúa más allá de la reacción ante unas lógicas culturales agresivas, y se establece como una propuesta autogestionada y autoproducida que conecta, en un espacio de grandísimo valor, el trabajo de alrededor de cuarenta artistas, la comunidad universitaria residente, públicos del mismo Artbo e incluso comunidades indígenas.

El evento se estructuró en tres espacios, Adentro, Afuera y Mercadito. Los dos primeros alojaron obras de diversas técnicas, desde el dibujo, la pintura y la fotografía, hasta piezas escultóricas, cerámicas y de instalación. De igual forma, fueron escenarios de acciones de colectivos en torno al diálogo, el sonido y la comida.

El Marcadito, HARTO involucró a algunos habitantes de la Residencia para que pudieran exhibir y vender sus productos artesanales al público visitante.

La evolución de los acontecimientos hizo coincidir actividades del Cabildo Indígena de los Pastos el día domingo. Esta conjunción fue aprovechada para establecer vínculos con el Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia.

Todo este conjunto de elementos sienta un precedente significativo en cuanto a las prácticas artísticas y la responsabilidad social que tenemos los agentes de la cultura en los hombros.

Más allá de ser una prueba piloto exitosa, la primera versión de HARTO se yergue como un semillero de incógnitas, donde la única certeza en pie es que, mediante la organización colectiva y la reflexión crítica en torno al contexto y sus participantes, es posible la construcción de propuestas frugales.

Vea imágenes de HARTO en https://instagram.com/hartoferiade

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