Descubrimientos literarios: Virginia Woolf

Sumergirse en las profundidades de la conciencia humana en Las olas, la novela más experimental de la escritora londinense.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Las olas es una de las novelas más conocidas de Virginia Woolf, junto a La señora Dalloway y Al faro. Virginia nació en enero de 1882, en una familia conformada en el segundo matrimonio de la madre. Adeline Virginia Stephen, su nombre original, creció entre Londres y la casa de verano familiar en Cornualles. A pesar de pertenecer a una familia acomodada, las dificultades estuvieron presentes en todo momento, y terminaría generando episodios depresivos que con el paso del tiempo se volverían crónicos.

En 1895 perdió a su madre, y dos años más tarde a su hermanastra. Se especula que fue constantemente maltratada y abusada sexualmente por sus dos hermanastros, generando una desconfianza perpetua hacia el género masculino, ero al tiempo, fundando en ella un sentimiento que la llevaría a desarrollar expresiones de autosuficiencia, en una época donde la mujer estaba restringida. Estas ideas la colocan en el mapa de la historia del feminismo.

Luego de que su padre desarrollara y perdiera la batalla contra un cáncer de estómago, Virginia y sus hermanos se mudan al barrio londinense de Bloomsbury. La nueva residencia atraería a amigos académicos tanto de los hermanos de Virginia como sus propios compañeros de estudio del King’s College de Londres y de Cambridge. Entre ellos estaba el mismo Leonard Wolff, con el que Virginia se casaría a la edad de 30 años dejando de lado un poco su temor hacia los hombres. Leonard sería el mayor apoyo que tendría la autora junto a su hermana Vanessa Bell. Otros miembros del círculo de Bloomsbury fueron Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein, Clive Bell, Lytton Strachet, T. S. Eliot o E. M. Forster.

Las olas, publicada en 1931, se enmarca en el deseo de experimentar la escritura a través de una serie de monólogos encadenados de cada uno de los seis protagonistas. De este modo, Virginia Woolf nos hace recorrer los pensamientos y emociones de las personalidades presentadas. Cada segmento de pensamiento en primera persona va aclarando los acontecimientos, aunque no desvelan del todo un orden de los sucesos narrativo. En este sentido, la novela no se encastra dentro de una linealidad estática, sino que se construye como un ir y venir del tiempo. Es precisamente la insistencia con la que se nombran Las olas. El tiempo es presentado como un flujo, un ritmo que acompaña las experiencias vividas, en carne propia y en la carne de nuestros allegados. Las historias de los seis personajes, aunque concatenadas, se muestran independientes, y es de esta forma que es posible ver con claridad la construcción de cada personaje, sus profundidades, sus deseos y ambiciones, su moralidad y sus miedos limitantes.

Es el personaje de Bernard el polo a tierra entre todos sus congéneres es la primera persona que habla y es quien cierra el libro. Su más grande anhelo es el de encontrar la frase precisa, y puede verse su evolución en el tiempo desde que quiere ser un gran escritor, hasta que finalmente queda relegado a hablar con extraños, con su exótico don de poder encontrar belleza en la vida de las personas. Es Bernard quien conduce el hilo en la mayor parte del libro, quien ve con difusa claridad los ánimos enrarecidos por las circunstancias de sus amigos.

Bernard, Louis, Neville, Susan, Rhoda y Jinny crecen y mueren juntos, más allá de sus relaciones personales con otras personas y sus particulares vidas. La amistad en la novela es tratada de forma muy similar a como Virginia debió haber vivido sus lazos con el Grupo de Bloomsbury, que tenía entre sus miembros a amigos de la escritora y en quienes basó a algunos de sus personajes.

En el preámbulo de cada una de las secciones de la novela, Woolf retrata el paso del tiempo en un paisaje costero, desde que los primeros rayos del sol se asoman, hasta que el día muere. Estas descripciones están cargadas de imágenes poéticas y cuentan con el flujo del pensamiento que cada uno de los personajes expresa. De igual forma, el momento del día relatado está estrechamente ligado al período de vida que atraviesan los seis amigos, desde los juegos de la tierna infancia en relación con las aves que se levantan en el alba, hasta la amargura del tiempo vivido, marcado con el paso de la muerte dibujada en el púrpura crepúsculo.

Cada uno de los monólogos es un juego que propone Woolf con el lector, es un reto donde deben adivinarse las circunstancias que rodean a los personajes. En algunos pasajes, son claras las situaciones, una cena, una clase de escuela, un paseo en tren; mientras que en otras, la abstracción de los pensamientos no permite entrever una narrativa localizada en un espacio determinado, el contexto queda reducido a la cavidad craneal, y a su vez es ampliado más allá de los límites de cualquier estancia.

La particular composición de Las olas la hacen una novela de lectura pausada. Cada reflexión de los personajes debe ser rumiada con paciencia. Las olas es considerada la novela más experimental de Virginia Woolf, y en definitiva, el rompimiento de las narrativas tradicionales son una propuesta arriesgada, más aun, teniendo en cuenta que Virginia Woolf estuvo influenciada por los conceptos del tiempo propuestos por Bergson. De este modo, Las olas son una confirmación de su propio título, donde el transcurso del tiempo es un movimiento ondulante, donde la marea provoca una náusea de altos y bajos emocionales, en cierto modo, autobiográficos.

Virginia Woolf, consciente en todo momento de sus procesos personales, logra hacer una exploración profunda de la esencia humana. Más allá de trazar una línea entre el principio y el fin de unas acciones noveladas, recrea mundos internos en los que el lector es partícipe y puede sentirse identificado. Las constantes depresiones que sufría la autora pueden olerse entre las páginas de Las olas. Bernard y sus compañeros emprenden la búsqueda de una felicidad etérea, pero sus propios deseos jamás se ven cumplidos del todo, como si la felicidad se fundara en el campo del anhelo y no en el del logro, una felicidad esquiva siempre imaginada y a penas alcanzada luego de sobrellevar la tragedia personal.

Así mismo murió Virginia Woolf, años después de publicar Las olas y de revolucionar la literatura de autora en Inglaterra. Luego de un período de tiempo de depresión, cargó los bolsillos de su abrigo con piedras, y se entregó al reflujo del río Ouse. Era marzo de 1941 y tenía 59 años. Aunque sobrevivió a los bombardeos alemanes, su casa no, y esto sería otro tormento sumado a su acre existencia. Su cuerpo fue encontrado veinte días después de caer por el peso de su historia.

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