Los Oscar 2019 en música y fotografía

La entrega de los premios Oscar este año promete muchas sorpresas y resultados inesperados. Como es usual, en Alterciclo nos preparamos para el evento comentando sobre los nominados a Mejor Banda Sonora y Mejor Fotografía.

Tiempo de lectura: 8 minutos

Banda Sonora

Este año hay dos aspectos muy importantes a resaltar en la categoría de Mejor Banda Sonora Original. En primer lugar, tenemos tres películas con temáticas predominantemente afrocéntricas: “Black Panther”, “BlacKkKlansman”, y “If Beale Street Could Talk”, cada una con una banda sonora bastante particular (en los próximos párrafos lo explicaremos mejor). Y en segundo lugar, está el hecho de que en esta edición de los premios no hay un ganador tan obvio. Esto debido a que Justin Hurwitz, compositor de la banda sonora de “First Man” (quien ya ha ganado el premio a Mejor Banda Sonora en recientes ceremonias), quien podría ser un candidato bastante seguro a recibir el premio, no se encuentra dentro de los cinco nominados al Oscar. Sin más preámbulos, aquí están los trabajos sonoros nominados de este año.

“Black Panther” – Ludwig Göransson

Tras una muy juiciosa investigación, el compositor sueco Ludwig Göransson ha compuesto una banda sonora llena de sonidos africanos. Por medio de diferentes instrumentos y un buen uso de la orquestación para generar gran variedad de matices, se logra expresar la influencia africana de forma multidimensional. Una enorme orquesta y coro complementan estas sonoridades, aprovechando muchos momentos de la película para brillar, como por ejemplo las secuencias de acción, los momentos de triunfo donde suenan las fanfarrias, o los momentos más sensibles y emotivos. Incluso hay cabida para sonidos totalmente modernos, sacados directamente del hip-hop y el trap, usados para reflejar la historia y características de un personaje en especial (el villano Erik Killmonger). El mayor acierto de esta banda sonora es, precisamente, entre tantas influencias, lograr una sonoridad general orgánica y espectacular.

“BlacKkKlansman” – Terence Blanchard

Esta película es una nueva colaboración entre el director Spike Lee y el compositor y trompetista Terence Blanchard. Lo primero que salta a la vista de la banda sonora de Blanchard es que es completamente multifacética en cuanto a carácter, sonoridades, e instrumentación. Algunos cortes son orquestales en su totalidad, otros usan un formato instrumental propio del funk y el soul con bajo, batería, y guitarras (acorde con el periodo histórico en el que transcurre la historia), y otros fusionan ambos formatos. Sin embargo, el hilo conductor de toda la banda sonora es el tema principal del protagonista, el policía Ron Stallworth. Es un motivo melódico muy sencillo que aparece numerosas veces a lo largo de la banda sonora, orquestado de muchas formas diferentes, y en diferentes tempos y estilos. La presencia de este elemento unificador le da todo el sentido y personalidad a esta banda sonora tan diversa.

“If Beale Street Could Talk” – Nicholas Britell

Esta película es principalmente una historia de amor, y su banda sonora lo refleja de forma especial. Muchos de los cortes son muy emotivos y con gran riqueza armónica, y en ellos se destaca el uso de las cuerdas para generar este carácter específico. Toda la banda sonora suele desarrollarse con mucha calma, sin muchos momentos de tensión. Sin embargo, Britell trata estos momentos tensionantes de la historia desde otro tipo de sonoridad, más experimental y ambiental, sin recurrir al uso de dinámicas fuertes o muy contrastantes con el ambiente general. El jazz también tiene lugar en esta banda sonora, con toques muy sutiles y casi atmosféricos, en especial en el uso de los vientos. Se pueden identificar fácilmente dos temas, uno muy romántico y más pensado para las cuerdas, y otro más dramático en el que resaltan los vientos. En definitiva, la mayor fortaleza de esta banda sonora es la uniformidad que ha logrado el compositor con los diferentes recursos musicales que emplea.

“Isle of Dogs” – Alexandre Desplat

Después de varias colaboraciones con el director Wes Anderson, el compositor Alexandre Desplat ha hecho grandes progresos en capturar la forma en la que este director cuenta una historia. Esta historia en particular nos lleva a Japón, y Desplat nos lo demuestra desde el primer momento, con un motivo principal cantado en un registro muy bajo, lo que inmediatamente nos remite a cantos monásticos orientales. Luego, progresivamente, empieza a aparecer el estilo elegante y divertido propio de las colaboraciones de Desplat y Anderson, que refleja muy apropiadamente el particular estilo y humor de Anderson. Todo esto sin perder los toques japoneses en la instrumentación, sobre todo en la percusión, con el uso de campanas y tambores taiko. Sin duda alguna, de las cinco bandas sonoras nominadas, posiblemente esta sea en la que se evidencie más conexión entre director y compositor.

“Mary Poppins Returns” – Marc Shaiman

Al comentar esta banda sonora, en primer lugar es muy importante señalar que esta película es una secuela. Así que los guiños que hace Marc Shaiman a las canciones de la primera parte (estrenada en 1964) pueden ser perfectamente intencionales, y además estos aparecen con mucha frecuencia a lo largo de la banda sonora. Con esta banda sonora, Shaiman ha logrado evocar ese sonido característico de las películas clásicas de Disney, lleno de colorido y magia. También vale la pena notar que, como la primera parte, “Mary Poppins Returns” es un musical. Esto quiere decir que en comparación con el score original que estamos comentando, las canciones escritas para la película serán más importantes, además de ser la fuente directa de casi todo el material del score. Puede que no sea la banda sonora más innovadora de las nominadas, pero sin duda cumple en llevar al oyente en un viaje mágico y nostálgico. 

A continuación compartimos una playlist con nuestra selección de las cinco bandas sonoras nominadas:

Fotografía

Este año el ojo de los jurados se volcó hacia paletas de color mucho más discretas, incluso hacia el blanco y negro. En esta categoría participan tres filmes de habla no inglesa. Las seleccionadas de este año se caracterizan por la sobriedad, el énfasis psicológico de la imagen, la intimidad con los personajes y el uso de recursos técnicos como los lentes gran angulares.

The favourite – Robbie Ryan

Los conflictos de la corte inglesa del siglo XVIII quedan magistralmente retratados por Robbie Ryan. La relación de la cámara con los espacios hace énfasis en la grandeza de las habitaciones y pasillos, y asimismo, en la opulencia que derrocha un reino malamente gobernado. Los recursos técnicos utilizados para alcanzar este objetivo fueron la iluminación natural, el uso de una paleta poco saturada, fría y con énfasis en el blanco de los rostros y los armiños de los personajes, una ubicación de cámara de bajo nivel, en especial de la reina Ana, y el uso (y un poco abuso) de lentes gran angulares. El resultado es tanto sobrio como fastuoso.

A Star is born – Matthew Libatique

La más comercial de las películas seleccionadas en esta categoría. Este remake de un remake despliega una gran cantidad de artimañas para asombrar con una historia archiconocida e infestada de clichés. Para ello, dejan a Libatique a cargo de la fotografía, teniendo precedentes tan importantes como Requiem for a Dream y Black Swan. La cámara apoya los dos polos entre los que se mueve la historia: los grandes escenarios, la fama y la energía del espectáculo, y la vida íntima, cargada de problemas psicológicos de los protagonistas. Un aspecto a resaltar en este filme es el aprovechamiento del color en la imagen junto a una composición limpia para reforzar la emotividad,

Roma – Alfonso Cuarón

Cuando la dirección y la fotografía de un filme se juntan en una sola cabeza, ocurre la magia. Es la única forma de describir la poética desarrollada por cada una de las imágenes presentadas en Roma. En esta película, no sólo existe una relación cercana de la cámara con los personajes y sus historias, sino que se efectúan constantemente preguntas trascendentales. Este filme descarta el color, para concentrar la mirada en un juego de volúmenes, luces, sombras y reflejos que proporcionan una clave nostálgica del México de los años 70, sin perder vigencia técnica al estar rodada en un formado de 65mm digital. Netflix estará orgullosa de su éxito.

Zimna wojna (Guerra fría) – Lukasz Zal

La más singular de las candidatas. El formato escogido para la cinematografía de esta película fue del clásico 4:3, un claro guiño al cine producido en la época en la que se ambienta, la Europa de mediados de siglo XX. La mirada ya desacostumbrada a estas proporciones de pantalla provocan una relación mucho más íntima con los espacios representados. La composición cinematográfica, sin embargo, se mantiene contemporánea, con juegos visuales de simetrías y pesos visuales bien calculados, movimientos de cámara en mano, enfoques selectivos y una definición de película digital. Lukasz Zal ya ha logrado el premio de la Sociedad Americana de Cinematografía por sus logros con este filme, lo que lo deja como uno de los favoritos para llevarse la estatuilla dorada.

Werk ohne Autor (Never look away) – Caleb Deschanel

Las historias que rodean a la Segunda Guerra Mundial parecen no acabarse, sin embargo la aproximación a la trama de este filme se centra en la relación que tienen dos estudiantes de arte en medio de un conflicto familiar. Situados bajo este contexto, el desarrollo cinematográfico conduce a una paleta de colores preestablecida por el género. Bajos contrastes, tonos apastelados y una tendencia a los colores fríos. Los planos fotográficos manejados hacen hincapié en los estados psicológicos de los personajes, creando un vínculo estrecho con el espectador mediante el uso de planos cerrados y cambios de enfoque en los momentos de mayor tensión.

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