Wendy Carlos y la revolución de la música electrónica

Pionera y disruptiva, la influencia de Wendy Carlos se sigue sintiendo tanto en escuelas de música como en pistas de baile.

Tiempo de lectura: 5 minutos

El desarrollo de la música y las artes se nutre del trabajo de innumerables manos que dejan una huella que se sigue sintiendo por décadas. Wendy Carlos es el nombre de una mujer que diluyó los límites entre ciencia, tecnología y cultura al tiempo que ayudó a la transición de los adelantos técnicos entre la música académica y la cultura popular.

Sin embargo, para comenzar con esta historia hay que remitirse a Walter, el nombre que le asignaron a Carlos cuando nació en noviembre de 1939 en una familia de Rhode Island.

Desde pequeña, y siguiendo el ejemplo de su madre y sus tíos, inició sus estudios musicales en piano. Pronto también mostró su interés por la física, por lo que al momento de ir a la Universidad de Brown completó los programas de ambas áreas del conocimiento.

Posteriormente, ingresó a la Universidad de Columbia a cursar un M.A. en composición musical. El interés de Carlos en ese momento giró hacia la incipiente música electrónica, un área en la que podría mezclar sus dos pasiones.

Para ese momento, el desarrollo tecnológico de los sintetizadores de sonido había llevado a la creación de máquinas que exploraban la generación de sonido con electricidad desde diferentes ángulos. En 1963 el ingeniero Robert Moog y el músico Herbert Deutsch se asociaron para investigar en la generación de ondas a partir de la variación de voltaje, y en dos semanas, obtuvieron un instrumento funcional al que se le incluyó un teclado, sugerido por Deutsch.

Wendy y Robert se conocieron en la Universidad de Columbia y esta amistad cambiaría el curso de la vida de ambos. Luego de varios años desarrollando el Moog, Robert no había logrado vender demasiadas unidades de su invento. Wendy le propuso añadir un sensor táctil para incrementar la gama de efectos y dinámicas que producía el sintetizador y comenzó a experimentar y a componer música para comerciales en 1967. Luego de esta colaboración, Wendy inició la grabación tortuosa de Switched on Bach, el primer álbum realizado completamente con sintetizadores y producido por su amiga Rachel Elkind.

El proceso de creación del disco fue lento, tedioso y desgastante. Para poder grabar la polifonía Bachiana en el monofónico Moog, Carlos tuvo que construir su propio sistema de grabación multipista, 8 canales de audio a penas suficientes para reproducir el trabajo del compositor barroco.

Sin embargo, todo valió la pena. Switched on Bach salió a la venta en 1968, para el año siguiente ya era disco de oro y en 1986 llegó a ser el segundo álbum de música clásica en ser disco de platino. Carlos ganó dos premios Grammy en 1970 y el reconocimiento del público general. El éxito mediático conseguido con su primer trabajo discográfico desencadenó la fiebre por la música de sintetizador, que comenzó a calar en la cultura popular y a llevar grandes ganancias de dinero al propio Robert Moog.

Por aquel entonces, Stanley Kubrick había comenzado a interesarse por el trabajo de Wendy Carlos con miras en su próxima obra maestra, A Clockwork Orange.

Para el encargo, Carlos reinterpreta obras de Beethoven y Purcell e incluye composiciones propias e implementó el uso de un nuevo instrumento que procesaba la voz humana, el vocoder. El excelente trabajo fue luego criticado por Kubrick y terminaron sin usar algunas de las piezas ya producidas. Sin embargo, el malentendido no sería el final de la relación.

Inmediatamente la incipiente escena electrónica acogió la influencia de la nueva banda sonora y bandas como Kraftwerk incluyeron en sus producciones tanto el sintetizador Moog como el vocoder.

Era 1971 y Wendy estaba en la cima de su carrera. En menos de tres años el mundo y ella habían cambiado completamente. Luego de los disturbios de Stonewall inn de 1969 y de haber ganado suficiente dinero con Kubrick, Carlos decide someterse a la terapia de remplazo hormonal y a la cirugía de reasignación se sexo. Sin embargo, ante una sociedad tímidamente liberal, Wendy decidió aislarse del público general, y en las raras apariciones que hacía iba como Walter. De hecho, siguió firmando su prolífico trabajo con ese nombre hasta finales de la década.

El impacto y la incertidumbre de saber si era aceptada tal como era le provocaron una profunda depresión que la llevó a pensar incluso en el suicidio. En 1979 decidió romper su silencio y concedió una entrevista a Playboy para dar a conocer su verdadera identidad.

El artículo resultante no fue del total agrado de Wendy, sin embargo, se dio cuenta de la indiferencia de su público ante su expresión de género. Esto la motivó y dio un nuevo impulso a su carrera.

En 1980 vuelve a colaborar con Stanley Kubrick para la realización de The Shining en el que Elkind también figura como cocompositora. Ese mismo año, Disney le encarga las partituras para Tron, y Carlos acepta con la condición de incluir instrumentos sinfónicos tradicionales ya que quería poner a prueba sus ideas con una orquesta en vivo.

Como mujer transexual, artista y científica, Carlos encarnó luchas internas por la reafirmación de su propio yo, empero, su propia condición de vida la consolidó como un ícono de la postmodernidad tanto en cuerpo como en obra. Ella ejerció como promotora de un intercambio cultural entre el arte y la tecnología, y la academia y la cultura popular. Sin proponérselo, sentó las bases de la música comercial contemporánea electrónica al ser la primera persona en crear un álbum completamente producido con un sintetizador analógico, logrando al tiempo uno de los discos de música clásica más vendidos de la historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *