El juego del espectador y las series

La industria audiovisual ha encontrado la justa medida de los ingredientes para enganchar a los televidentes en éxitos de talla mundial.

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Con el estreno de la última temporada de Game of Thrones, pareciera que la industria audiovisual ha llegado al clímax de su desarrollo. Nunca tantas personas habían estado esperando una transmisión de una serie de la envergadura que tuvo la producción de HBO. Este acontecimiento nos pone a reflexionar un poco sobre cómo tantas personas han quedado enganchadas durante ocho años a una de las producciones más costosas en la historia de la humanidad.

Patetismo

La respuesta a este interrogante que surge más a la mano se establece mediante un paralelo con la pornografía, no desde el desnudo y el erotismo, sino desde la sensualidad y la emoción. En general, la mayoría de las producciones audiovisuales comerciales hacen uso de múltiples herramientas psicológicas para doblegar la voluntad de los espectadores y no se atrevan a apartarse un segundo de las pantallas. El sentimiento y la emoción, en combinación con una buena alternancia y ritmo entre estímulo y recompensa tiene un poder mágico y magnético que resuena en con cada centavo que los emporios registran.

Claramente, el cuerpo desnudo y el soft porn están involucrados constantemente en las producciones audiovisuales de carácter comercial. Si el objetivo es facturar, los desarrolladores no dudarán en brindar un banquete que involucre fantasías de todo tipo, aprovechando el morbo que induce el cuerpo como objeto, tan provocativo desde un punto de vista visceral.

De esta forma, el espectador se transforma en un receptáculo de estímulos, cada uno más intenso que el anterior. La cotidianidad se ve completamente desplazada por las imágenes transmitidas por la pantalla. El sentimiento de lo que consideramos real entra en contradicción con cuerpos escultóricos y situaciones resueltas de manera satisfactoriamente inverosímil.

El cuerpo sobreestimulado es alcanzado mediante la exageración. El objetivo es conmover al espectador a tal punto que aflore un patetismo que lo induzca al consumo de contenidos. Mas la industria ha llegado a tal nivel de refinamiento, que los elementos no traspasan la barrera del ridículo, y aunque exagerados, se mantienen solemnes.

Narrativa

Un mecanismo más que utiliza la industria es la estructura lógica que Aristóteles les asignó a los relatos. No obstante, la exploración creativa que se puede hacer en una historia abarcada en una serie permite realizar entrecruzamientos del relato individual de múltiples personajes. La riqueza que proporciona contemplar los motivadores de cada agente de la historia, cala profundamente en el espectador, que inevitablemente va a comenzar a sentirse identificado con acciones y situaciones específicas con los protagonistas, y, por lo tanto, generará un vínculo afectivo.

El entramado narrativo de una serie como Game of Thrones es intrincado, y dada la cantidad de personajes, capítulo a capítulo los hilos se van tensionando, de tal forma que la curva dramática de cada situación simultánea va sumando gritos contenidos y suspiros.

Bajo las lógicas occidentales heredadas del cristianismo, todo en la vida tiene un propósito. No es la excepción en el tratamiento de personajes en la trama. El carácter funcionalista aplicado en la industria audiovisual es el que mantiene con vida a personajes como Jon Snow después de un perfecto Deus Ex Machina justo entre la quinta y la sexta temporada. Nadie importante en la serie se muere resbalando en el quicio de la carnicería, como podría pasar en la vida real. Toda muerte obedece a la necesidad de la conmoción, incluso del escándalo monetizado.

La moralidad

Los valores occidentales también están plasmados. No es difícil distinguir entre el bueno y el malo, el héroe y el villano, incluso en antihéroe y el redimido. Los arquetipos clásicos se presentan como ordenados a domicilio.

Existe también una apuesta por mostrar el lado B de los personajes como estrategia para incrementar la empatía. Así vemos múltiples perspectivas de un mismo individuo. Sin embargo, el rango se mantiene dentro de estándares conservadores, y se privilegian valores sumamente conservadores, como el honor, el deber, la ambición o el altruismo enceguecido.

El efectismo

Nada como una buena batalla, con sangre y efectos sonoros del apio partiéndose. Apoyando la emocionalidad desmedida y la trama enrevesada, está la tecnología de efectos audiovisuales. Los trucos utilizados por los productores para llevarnos a casa un mundo completamente fantástico exento de prácticamente todas las leyes de la naturaleza apoya esta convicción barroca de deslumbrar al espectador. Y lo logran.

Se han utilizado cantidades ingentes de dinero para desarrollar toda clase de efectos especiales que enriquecen la narrativa. Es el detalle, muchas veces gratuito, que se necesita para consolidar la fantasía, y enterrarla en nuestro hígado.

Toda esta sinergia avocada a Game of Thrones hace pensar en una actualización del romanticismo. La creatividad dispuesta a servir a la emoción, casualmente en un contexto medieval, con valores que enaltecen el buen nombre de los caballeros que defienden a la familia y al amor. Grandes tragedias, muertes inesperadas, pasiones prohibidas, incesto, traición, lujuria y sadismo. Y cómo poder olvidar un poder más grande que la misma muerte que está asechando, el miedo a lo desconocido y el deber estoico por contener lo incognoscible.

Finalmente, las grandes producciones industriales audiovisuales están diseñadas para darle al cerebro lo que quiere: identificación, deseo, excitación, fantasías, adrenalina, juegos lógicos y sentido de propósito trascendental para sí mismo.

Existe una indudable instrumentalización de la emoción para la explotación económica, y ha servido tan bien, que todo el planeta está paralizado expectante en el acto final de esta odisea.

Pero vale la pena dejarse seducir por un instante. Toda obra es un reflejo de su autor, y ante un producto tan grande como una serie, es la sociedad misma la que crea el contenido, y, por lo tanto, es una sociedad que se autorretrata. En la trama misma de la serie puede que no haya demasido espacio más que para la especulación por la historia. Sin embargo, la reflexión alrededor de la maquinaria puede arrojar bastantes luces sobre el tiempo en el que vivimos, la cultura en la que estamos inmersos y todo aquello que consumimos.

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