Artistas colombianos exponen en Suecia. Hablamos con David Lozano, curador.

El OpenART, la bienal de arte en espacio público más importante del norte de Europa tiene como invitados de honor a Colombia y Japón. David Lozano, curador de la representación nacional, en diálogo con Alterciclo.

David Lozano es artista plástico egresado de la Universidad Nacional de Colombia especializado en pintura, sin embargo su obra abarca desde el dibujo hasta el performance. Ha distribuído su vida profesional en tres grandes frentes, la producción de la obra de arte, la docencia y la gestión cultural, y ahora trabaja en su reto más reciente, llevar a Suecia lo mejor del arte colombiano.

¿Qué es el OpenART?

El OpenART es una bienal de arte contemporáneo en espacio abierto que tiene ya seis versiones, inicia por el interés de dos artistas y de unas tres, cuatro personas en el campo del arte en Örebro, Suecia, una ciudad pequeña al norte, en la península escandinava, que ven importante reactivar, pero también actualizar en temas de arte y de arte contemporáneo a su ciudad .

El OpenART convoca a un número importante de artistas, aproximadamente ochenta artistas del mundo entero, que acuden a esta cita entendiendo el problema de la obra de arte en ese espacio público, en diálogo con con todos los públicos, porque no es para un público especializado sino para un público diverso, tanto nativo, como proveniente de un movimiento de turismo cultural que se da en los tres meses que dura el OpenART.

¿Cómo logra Colombia vincularse al OpenART?

Inicialmente yo asisto como artista invitado el año 2011, hago una obra allí, veo lo interesante que es el OpenART para el arte contemporáneo. Pasa un tiempo y el OpenART crece. Antes, en el momento que yo estoy, los artistas acudimos de manera individual por concurso, y somos seleccionados de acuerdo al proyecto que se tenga. Pero en las últimas tres versiones se han tenido países invitados de honor, el primero fue México y Francia, la otra vez fue China, el invitado en la anterior versión, y en esta, Colombia y Japón son los países invitados.

Y yo propongo que Colombia sea país invitado, hago una visita a Suecia en el mes de septiembre, hace año y medio largo, y hablo sobre el momento en el que está, o pongo de relieve el momento que está atravesando el arte contemporáneo en el concepto mundial, y en el latinoamericano especialmente, lo prolífico del trabajo de los artistas, los intereses diversos en que se está asumiendo la obra de arte y el momento político, que también pesó muchísimo dentro de la elección de Colombia como país invitado; el tránsito de una sociedad que se piensa en paz y digamos que esos fueron los elementos que vio el OpenART y que permitieron que Colombia junto con Japón fueran los países.

¿Cuál es la línea curatorial que se está siguiendo para la representación de Colombia en el OpenART?

Yo, digamos que he estado muy cercano, obviamente por mi trabajo como artista, como gestor, como docente, a la obra de algunos artistas y a algunos movimientos que se dan dentro de la escena artística colombiana, (salones, eventos de galerías y de museo, no necesariamente eventos competitivos), y veo también el trabajo de artistas en varias dimensiones, unos muy cercanos, cercanos incluso a mi generación, otros de una generación mayor, y otros, artistas emergentes que tienen una obra importante, pero que han pensado los problemas nacionales, que han pensado el campo desde lo social, que han pensado el tema de la violencia, que han hecho de su obra escenarios de crítica y de postura política, pero también, por supuesto, trabajos que tienes un peso suficiente a nivel de valoración artística, que son sólidos, contundentes, y escojo esos artistas. Inicialmente presenté veintiocho propuestas, de las cuales, con el comité curador principal y el grupo curatorial en Örebro seleccionamos.

Allí seleccionamos a los artistas, mas no a las obras. En ese sentido la curaduría es flexible. Se llegó a un acuerdo mirando ciertas condiciones , primero obviamente de intereses plásticos y creativos, y críticos y conceptuales del artista, y buscando que en su obra pudiera tener un diálogo con la ciudad en un espacio abierto. No necesariamente un problema de identidad. No creo que estemos hablando… está transversal, pero no es un problema la identidad colombiana la que está allí. Es más un problema de lo que piensa el arte colombiano, los artistas colombianos, en sí del territorio, pero sobre todo de preguntas sobre indagación a nivel de la obra de arte en un contexto contemporáneo, en un momento actual.

La labor de un gestor cultural es muy satisfactoria, también tiene muchas dificultades ¿Cuáles han sido los altos y bajos que ha encontrado a lo largo de su trabajo?

En general, tal vez por los años que yo tengo, el campo de la gestión cultural en Coombia aparece relativamente reciente. Nace más como de una especie de apropiación de un modo de entender la gestión más desde el campo de la administración, del campo de la economía, del o empresarial y digamos que hay muchas categorías que vienen desde allí. Pero toma su identidad cuando, digamos, en todo lo que ha tenido que ver con la creación del sistema distrital de cultura, el sistema nacional de cultura, la ley general de cultura, la creación del propio ministerio, dieron un impulso muy fuerte al sector que le permitió configurar como un mapa mucho más certero del papel de la cultura en la transformación de la sociedad, y la importancia de entender que hay unas especialidades, o podrías existir unas especialidades en el campo de lo cultural, que no necesariamente tendrían que ser asumidas por el artista creador, sino que tendrían que apalancarse en una serie de procesos, de acciones, de conocimientos que ayudan a hacer viable la circulación, la producción, la investigación, la formación y la apropiación de la obra de arte. Entonces la gestión cultural aparece allí.

Yo afortunadamente me formé como administrador público y me dediqué especialmente al campo de la ciencia política y al campo de lo social. Trabajé un tiempo durante esto. Paralelamente estudié artes, entonces fue una conjunción bastante rara en ese momento, ahora no lo es. No existía, por eso digo, la palabra Gestión Cultural. Luego ya aparecen las carreras, como en la Universidad Nacional en Manizales, la carrera de Gestión Cultural y unos programas de diplomados en la Universidad del Rosario, que le dan una forma y una presencia al gestor. En este momento es fuerte, hoy postgrados en gestión cultural.

Entonces digamos que eso es bastante gratificante, que se consolide un campo, que uno hizo parte de eso, no solamente en su trabajo personal sino en lo que ha tratado de replicar con los estudiantes en las carreras, y con algunos otros proyectos que he adelantado con el Ministerio de Cultura y con la Secretaría de Cultura, de manera particular en lo que tiene que ver con proyectos, gestión de proyectos, emprendimientos, bueno, que son como cosas que están allí.

Lo difícil es que es un campo muy joven, que necesita ganarse el terreno. Un gestor cultural debe tener un sistema de remuneración lo suficientemente claro, que no signifique un agregado, o un adorno de un proceso mayor, sino que por sí mismo la gestión cultural es una disciplina que tiene una serie de retóricas, un lenguaje, unos procedimientos, unos procesos de formación, unos campos de acción que deben ser reconocidos, valorados y remunerados precisamente para consolidar una profesión. Y ahí es donde empezamos a encontrar bastantes sinsabores precisamente porque es muy difícil posicionar al gestor cultural. Pero vamos ahí. Se está haciendo.

Bueno maestro, finalmente, un consejo a los jóvenes emprendedores..

Primero que, básicamente que vean en una idea, en una idea creativa, innovadora, que al verlo así, que es una situación deseada, la vean como un proyecto posible. Que entiendan el campo, por supuesto, que entiendan y se formen… formar no quiere decir en las academias, sino en la práctica misma, también ahí hay una formación. Hay gestores culturales naturales. Pero que lo vean como posible, como una idea que puede generarles un valor, no solamente en la trasformación de lo social y de lo simbólico, que es una satisfacción personal, obviamente que toca con lo propio del arte y de la cultura, sino que lo vean como una posibilidad de vida, entonces que lo vean como una posibilidad de conformar sus propios núcleos empresariales, que les permita entrar en diálogo con ideas creativas y conformarse como empresas donde pueden perfectamente ser sostenibles ellos, y hacer sostenible una idea.

http://openart.se/2017/en/start-2/

http://www.davidlozanoartist.com/

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