2001: Odisea del espacio.

Ciencia ficción en celuloide y en papel.

Cuando la literatura y el cine se dan la mano, lo usual es que se hagan adaptaciones cinematográficas de libros ya existentes. Sin embargo, la dupla de la que hablaré hoy es singular, puesto que tanto el filme como la novela fueron realizados a la par.

Odisea del espacio es una colaboración entre dos grandes en sus campos. Stanley Kubrick fue quien dio el primer paso para concretar los planes de realizar una producción en un género que para la década de los 60, estaba considerado como menor. La ciencia ficción hasta ese momento estaba constituida por un corpus de actores disfrazados de alienígenas con trajes de espuma y efectos especiales de bajo presupuesto.

En el campo literario, a la ciencia ficción no le iba mejor. Aunque la calidad de los escritos fuese ejemplar, la crítica no se ponía de acuerdo en cuanto a la trascendencia de estas obras.

En 1964, Kubrick lee El centinela de Arthur C. Clarke, un científico que encontró en la narrativa un camino para desarrollar reflexiones sobre el uso de la tecnología y como medio de difusión científica. Ambos se contactaron y comenzaron a escribir el guion de la película y la novela como una expansión de la idea de un vigía de la evolución humana.

El filme fue un éxito rotundo. Los efectos especiales con los que contaba fueron motivo de un premio Oscar para Kubrick. La producción fue tanprolija que incluso se llegó a especular que las escenografías habían sido reutilizadas para filmar la llegada del Apollo 11 a la Luna un año después.

La película presenta imágenes nunca antes vistas en las producciones cinematográficas. Sin embargo, el escrito de Clarke transporta aun más lejos al lector. Es una fuente constante de paisajes, nunca mejor dicho, fuera de este mundo. Los pequeños detalles en los que difiere de la cinta proveen de una carga mucho más profunda de sensaciones.

Puede que una imagen valga mucho más que mil palabras, y aun así, la experiencia de leer el libro abre paso a un conjunto de pensamientos hilado de forma más fina. La esencia enigmática del trabajo de Kubrick se convierte en una muralla para los espectadores. En ese sentido, Clarke dispone sus elementos de forma clara y con resultados visuales tanto o más sorprendentes, siempre a la medida del lector.

Recomiendo leer esta obra maestra, y posteriormente, ver la película. Todas las piezas encajarán y se conjugarán en una experiencia única para conocer a fondo uno de los ejemplos mejor logrados de la ciencia ficción.

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