El gran Roald Dahl

Un escritor de clásicos infantiles de hoy y siempre.

Cuando se hace un repaso a las obras literarias que recordamos con mayor afecto es probable que nos enfrentemos a los recuerdos de nuestra niñez. Sin lugar a dudas, una que otra obra de Roald Dahl puede aparecer en nuestra biblioteca mental. Este autor británico imaginó mundos envidiables que nos hicieron soñar con la telequinesis, gigantes, brujas, duendes, espías, chocolate y toda clase de situaciones exóticas, respetando siempre el ingenio de sus lectores para resolver sus tramas de manera inteligente.

Nacido en Gales, y de padres Noruegos, pasó su infancia entre las escuelas británicas y viajando a la tierra originaria. Una vez comenzó la Segunda Guerra Mundial, se alistó a la fuerza aérea y sirvió en África. Tuvo un accidente en el que se fracturó el cráneo y llegó a perder la vista, pero después de una corta recuperación, volvió a volar, esta vez entre los Balcanes y el medio oriente.

Una vez terminado el conflicto, fue enviado a Estados Unidos como agregado diplomático. Allí se casó y tuvo varios hijos, entre los que se encontraba Theo, que sufrió un accidente que le ocasionó hidrocefalia. Roald se involucró entonces en el desarrollo de la válvula Wade-Dahl-Till por lo que a este escritor también se lo recuerda por sus aportes en neurocirugía.

Murió en 1990 a causa de una leucemia a los 74 años de edad, legando historias fantásticas y un gran número de apasionados por sus tramas.

La importancia del trabajo de un escritor de literatura infantil y juvenil radica en que sus obras son gestoras de grandes lectores. La creación de universos completos a partir de la lengua no sólo desarrolla la imaginación de los pequeños lectores, sino que afianza definitivamente el hábito. Y en este sentido, Dahl seducía valiéndose de la inteligencia de su público. Los libros de Dahl no son ingenuos y demuestran la confianza del autor en los niños para manejar tramas en las que los protagonistas luchan por su propio bienestar.

El título que sin duda recuerdo es Las brujas, y recuerdo con claridad la imagen de aquellas señoras calvas, quitándose los tacones de punta de moda según el libro, pero supremamente incómodos para unos pies que carecen de dedos. Pero la obra de Dahl incluye ya clásicos como Matilda, Charlie y la Fábrica de chocolates, Los gremlins, El Superzorro, La maravillosa medicina de Jorge, entre muchos libros más, que seguramente estarán en los recuerdos de todos.

Se han hecho innumerables adaptaciones de sus obras tanto al cine como a la televisión. La solidez de las historias escritas ha permitido que los productos audiovisuales sean igualmente contundentes. Incluso, el compositor noruego Marcus Paus recreó Las brujas en una versión ópera, presentada en el año 2008 en el Gloppen Musikkfest.

La influencia de la literatura infantil en la vida de las personas debe ser tenida en cuenta. El placer de leer si se experimenta desde temprano, va a quedar anclado en el ánima y se va a convertir en una necesidad constante. De igual forma, releer aquellas novelas que nos introdujeron en el mundo de las letras es hacer un repaso por nuestra propia infancia que sin lugar a dudas, nos brindará muy gratas memorias.

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