Visiones a El tambor de hojalata

Uno de los clásicos del siglo XX, polémico, brillante y fantástico.

El repertorio de películas que discurren durante la Segunda Guerra Mundial parece no acabar nunca. Existen verdaderas obras maestras dentro de este género, pero el filme del que escribo hoy no va a hacer llorar a los corazones más curtidos. Por supuesto que muestra injusticias y crueldades pero no nos hace darnos golpes de pecho. Tiene niños y orfandad, pero la condición de vulnerabilidad no es fuente de morbosidad. El tambor de hojalata (Die Blechtrommel) es una historia que se sirve de una mezcla de realidad y fantasía para plantearnos preguntas sobre el significado de la locura disfrazada de madurez.

Volkar Schlöndorff es el director de esta película del año 1979, adaptación cinematográfica de la novela de tintes autobiográficos del mismo título del escritor Günter Grass. Tanto el escrito como el filme han sido galardonados en múltiples ocasiones y son brillantes referentes dentro de la literatura y la cinematografía alemana.

La película se desarrolla a horcajadas entre las guerras mundiales en el territorio de Danzig, una región habitada en ese momento por alemanes, polacos y casubos, una etnia arraigada en dicho suelo mucho antes de que los otros pueblos llegaran. De esta mezcla nació Oskar, con una lucidez extrema desde el momento mismo de su nacimiento.

Esta sorprendente capacidad de reflexión le permitió observar el mundo de forma crítica, y lo llevó a asquearse de la vida adulta y a tomar una decisión que marcaría el resto de su vida con tal de conservar su integridad. A medida que pasa el tiempo, se ve rodeado de situaciones fantásticas que no lograran refrenar su propia voluntad. Inevitablemente Oskar es quien dirige su vida a pesar de que nadie pueda dar crédito de ello.

El filme es una colección de símbolos y referencias que critican duramente a la sociedad europea. El subtexto es un entramado complejo que requiere una lectura lenta y minuciosa para no perderse detalle alguno.

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De igual forma, hace uso de un repertorio amplio de emociones, muchas veces a asociadas directamente a personajes. Desde la comicidad hasta el asco, el dolor, la ira y lo grotesco. Continuamente el espectador es llevado de la una a la otra y en combinación con los múltiples símbolos presentados, le permite saborear la trama profunda.

Las imágenes de la película son una obra maestra de Igor Luther. Cada una de las tomas es una composición precisa en tonos cada vez más fríos, a medida que la personalidad de Oskar adquiere ese mismo carácter. El trabajo de cámara es elocuente con la profundidad misma de la trama.

De igual forma, la música es un elemento importante, y no sólo porque la película se titula con el nombre de un instrumento musical. El sonido es el conductor mismo del desarrollo de la historia, y una de las escenas más icónicas del filme, es detonada precisamente por una marcha contrahecha interpretada por una banda marcial. El compositor de El tambor de hojalata es Maurice Jarre, conocido por haber musicalizado Lawrence de Arabia que le valió el primero de tres Oscar, por haber trabajado en los albores de la música concreta con Pierre Boulez y por ser el padre de Jean-Michel Jarre.

El tambor de Hojalata no estuvo exenta de polémica y ha sido sometida a censura por escenas de contenido sexual que involucran al protagonista. David Bennent, el intérprete de Oskar para el momento del rodaje de la película contaba con 12 años.

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David Bennent con Günter Grass y Volker Schlöndorff.

Sin embargo esto no impidió que la película ganara en 1979 la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y el Oscar a mejor película extranjera, ambos recibidos por Volkar Schlöndorff. Por su parte, Günter Grass fue merecedor del Nobel de literatura de 1999 por toda una vida dedicada a la escritura.

El tambor de hojalata es una obra maestra en toda su extensión. Es un trabajo que goza del encuentro entre una historia profunda con una ejecución magistral. Hace años era una cinta difícil de encontrar, sin embargo las bondades de internet la han hecho mucho más accesible. Los invito a maravillarse con ella una y otra vez.

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