¿Conoces el poder de las preguntas? 5 características de las buenas preguntas

Por qué es importante saber preguntar.

La filosofía nació cuando el humano comenzó a preguntarse por el ser, pero no es necesario remontarse tanto en el tiempo para comprender la importancia de las preguntas dentro de los procesos del pensamiento humano. El pensamiento en sí mismo es la semilla de nuestros actos, o así debería serlo, y se consolida al rededor de una serie de informaciones y conocimientos que aplicamos, fortalecemos o descartamos para sobrevivir.

Una de las formas de entender el pensamiento humano es como un diálogo constante, una discusión interna donde una parte de nosotros pregunta y la otra responde. Si no se dispone de los datos suficientes, exteriorizamos ese cuestionamiento y buscamos la respuesta con alguna fuente de información que satisfaga nuestras dudas..

En este nivel, después de haber establecido la relación entre preguntar y pensar, podemos presuponer que preguntar adecuadamente implica directamente pensar más allá de lo obvio. Y es que es así. Preguntar bien es pensar bien.

Desarrollar la capacidad de hacer buenas preguntas nos permite obtener información que usaremos para alcanzar nuestros objetivos. Nos permitirá apropiarnos del conocimiento necesario en la etapa de investigación para justificar los proyectos que emprendamos. De igual forma, preguntar adecuadamente nos permitirá identificar si algún proceso falla o se desenvuelve con soltura. Y preguntar, nos dará la llave del conocimiento para adquirir experiencia propia y heredada.

Pero entonces… ¿Qué define que una pregunta sea buena? A continuación 5 características de las buenas preguntas.

Las preguntas son ante todo una herramienta.

Toda pregunta busca obtener un fin específico, por lo que preguntar adecuadamente nos conduce inevitablemente a obtener la reacción correcta. Incluso las preguntas retóricas, aquellas preguntas que aparentemente no tienen respuesta, tienen el objetivo de movilizar al receptor y son un módulo de información importante dentro de la comunicación.

No hay preguntas correctas o incorrectas.

No se puede pretender hallar cierta moralidad en la forma de hacer preguntas, lo que sí se puede establecer es qué tipo de preguntas son las que nos benefician. Ya sea que las elaboremos nosotros o nos las planteen externamente, una pregunta digna siempre nos va a conducir a nuestro bienestar, y a esas preguntas las llamaremos para efectos de este artículo, las buenas preguntas.

Las buenas preguntas conducen a múltiples respuestas.

Las buenas preguntas generan más preguntas que a su vez conducen a respuestas específicas que pueden ubicarse adecuadamente dentro de un plan de acción, son prácticamente una bola de nieve que va a ayudar a contemplar el panorama. Mientras tanto, las malas preguntas son un callejón sin salida porque limitan la mirada y no inducen a la acción.

Las buenas preguntas no engañan.

Y a lo que me refiero es que parten de una mentalidad abierta, libre de juicios y no sesgan la realidad con nuestros temores. La apertura de consciencia en la elaboración de una pregunta requiere de sinceridad consigo mismo y de objetividad para que obtengamos al tiempo una respuesta justificada e igualmente sincera.

Las buenas preguntas son un detonador de creatividad.

Cuando alguien es sorprendido por una pregunta y responde automáticamente “Buena pregunta” significa que el cuestionamiento que le acaban de hacer lo ha dejado en una situación incómoda, donde mil ideas confluyen a la vez a su cerebro. Y como ya hemos visto en Cuando la creatividad se atora el salir de la zona de confort es una de las formas más efectivas para innovar. Una buena pregunta desata un torrente de ideas nuevas y amplía los horizontes.

Ahora, con saber qué características tienen las buenas preguntas no es suficiente. Se hace necesario profundizar en cada una de ellas y saber qué personas y situaciones están involucradas para llegar al fondo del asunto, pero hay dos preguntas esenciales que marcarán la diferencia en todo momento.

Preguntando se llega a Roma.

El Merovingio en Matrix Reloaded (2003) dice “El por qué es la fuente de poder real, sin él se está indefenso.” El conocimiento de la causa subyacente de las cosas no sólo nos ayuda a comprender el entorno en el que nos movemos sino que nos permite actuar en consecuencia, nos dota de una mirada anticipada de los fenómenos y nos ofrece una ventaja en comparación a quien no elabora preguntas. Sin embargo, el por qué si no viene acompañado de un para qué, está desprovisto de un direccionamiento claro. Si el por qué da cuenta de los antecedentes, de los medios, de una dirección y unas equivalencias, el para qué nos revela el destino de nuestras acciones y su propósito.

Una vez que está claro para qué, hemos logrado definir nuestra situación deseada, por lo que se hace posible definir los pasos precedentes para alcanzar el destino: es posible trazar el camino con cada una de las acciones necesarias para alcanzar cada una de las metas.

Preguntando se llega a Roma. Las preguntas son muy eficaces a la hora de definir el camino que debemos tomar para realizar todo lo que queramos. No sólo el cuestionamiento interno nos ayuda a ver con mejor claridad, sino que preguntar a los demás también nos acerca a nuestros objetivos. Preguntar es una habilidad que debemos refinar por lo que debemos aprovechar cada oportunidad para ponerla en práctica, y así conocer de primera mano, el poder que tiene ser curioso y preguntar.

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