Blade Runner: 35 años después

Aprovechamos para reflexionar un poco sobre este clásico de ciencia ficción, a propósito del esperado estreno de su secuela.

Blade Runner llegó bastante tarde a mi vida, he de reconocerlo, pero lo que es muy cierto es que causó un gran impacto cuando la vi. Es una película cuya estética cyberpunk me atrapó, y que además trata temas filosóficos que, en mi opinión, con el desarrollo tecnológico en el campo de la inteligencia artificial, pueden algún día llegar a ser parte de nuestra realidad.

Esta película, dirigida por Ridley Scott, es una obra que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo cada vez más valor. En su fecha de estreno, 1982, no tuvo mayor éxito, en parte debido a que por esas mismas fechas se estrenó E.T., pero con los años, cada vez más y más público fue encontrando más valor en Blade Runner, hasta llegar a su estatus actual de película de culto.

La película está basada en gran parte en la obra del escritor Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. La influencia de su obra literaria en general no sólo ha llegado hasta Blade Runner, también ha resultado en otras grandes películas con grandísimos temas filosóficos: The Matrix, Ghost in the Shell, y The Truman Show son algunos ejemplos. Este año, además, se estrenó la serie televisiva Philip K. Dick’s Electric Dreams, basada en la obra de este autor.

La película nos introduce a una sociedad futurista en el año 2019 (año que, a propósito, no está nada lejos), y de entrada nos presenta la siguiente situación: se han creado androides llamados replicantes para realizar trabajos fuera de la Tierra. Estos replicantes son prácticamente idénticos a los humanos, salvo por algunas diferencias: ya que han sido creados para trabajos fuera de la Tierra, cuentan con mayor fuerza y resistencia, además tienen un tiempo de vida muchísimo menor. En el contexto en el que inicia la película, aprendemos que los replicantes son ilegales en la Tierra, y aquí aparece Rick Deckard, el protagonista, un blade runner: su trabajo es descubrir y eliminar a los replicantes.

Las cuestiones filosóficas de Blade Runner giran en torno a los replicantes. Vemos que no son simples máquinas, realmente lo que les separa de los humanos es muy poco, a lo largo de la historia los vemos sentir, sangrar, pensar, y actuar por su propia intención. Están tan bien fabricados, que hasta pueden negar que son replicantes, como sucede con el personaje de Rachael: está segura de que es humana, incluso tiene una foto de infancia que lo demuestra (que no es nada más que un recuerdo implantado artificialmente). Entonces, la cuestión de qué es lo que realmente diferencia a los replicantes de los humanos, o qué es lo que hace que seamos humanos, es lo principal en esta película.

Este año se estrenó Blade Runner 2049, treinta y cinco años después del estreno de la primera parte, y ambientada treinta años después de los sucesos de dicha primera parte. La dirección estuvo a cargo de Denis Villeneuve, y como preámbulo al estreno, dos directores más se sumaron al equipo al dirigir tres cortos: 2036: Nexus Dawn, 2048: Nowhere to Run, y Blade Runner Blackout 2022, este último en formato de anime, y personalmente mi favorito, pues nos muestra de forma sencilla e incluso muy inocente muchos de los cuestionamientos de los replicantes sobre su propia existencia. Estos tres cortos se realizaron con el propósito de contar brevemente lo ocurrido en los treinta años entre 2019 y 2049.

Blade Runner 2049 es una película que desde la primera toma nos impacta visualmente y nos mantiene así hasta el final, el trabajo de fotografía es espectacular. La música también nos ayuda a entrar en el ambiente de la película, compuesta por Hans Zimmer y Benjamin Waifisch, esta banda sonora conserva mucho de la original (hecha por Vangelis) en combinación con toques muy a lo Zimmer, complementando la historia tanto con sonido como con silencio.

Esta vez, la historia transcurre en un ambiente muchísimo más oscuro. Los replicantes han sido introducidos a la sociedad (debido a que resultan necesarios para la preservación de la especie humana), haciendo que la línea entre humano y replicante sea cada vez más delgada e incierta. Precisamente, el protagonista en esta ocasión es K, un replicante diseñado para obedecer. K, como Deckard, es un blade runner, que se encarga de destruir (“retirar”) a los modelos anteriores de replicantes que permanecen en la clandestinidad.

De nuevo la cuestión de qué es lo humano aparece ante el espectador, en ocasiones no es nada fácil distinguir si los personajes son humanos o no, mientras que empatizamos y nos solidarizamos con un protagonista replicante. De hecho, los personajes que tienen comportamientos más empáticos, más sentimentales, más “humanos”, realmente no lo son, trayendo nuevos cuestionamientos a nuestra mente.

Si aún no han visto Blade Runner de 1982, aún están a tiempo de adelantarse, verla, y ver los nuevos cortos, para poder disfrutar en cine de una maravillosa secuela. Este universo es una gran experiencia visual y sonora que inevitablemente nos lleva a cuestionarnos, y, como miles de cinéfilos alrededor del mundo, lo recomendamos enormemente.          

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