La importancia de conocernos y cuidarnos

Como artistas, al aprender a estar y disfrutar de nosotros mismos, nuestra creatividad sale beneficiada.

¿Cuántas teorías hemos escuchado acerca de la creatividad? ¿Cuántos métodos y tips hemos escuchado para hacer que funcione mejor? O también, ¿cuántas cosas no nos hemos dicho a nosotros mismos acerca de cómo debería funcionar nuestra creatividad? Dentro de todas estas cosas, un aspecto que suele no ser muy tenido en cuenta es cómo cuidamos de nosotros mismos.

Sí, puede que muchos de nuestros mejores trabajos hayan visto la luz en nuestros peores momentos, de ahí la concepción de que el artista “debe” vivir en una constante inestabilidad emocional para ser capaz de crear. La intención detrás de obras como estas, de hecho, es muy buena: ser capaces de transformar lo malo en una hermosa obra de arte en vez de quedarnos con un revuelto de emociones dentro de nosotros. Pero el problema viene después, en vez de dejar atrás el mal momento gracias a nuestro arte y encaminarnos en una mejor dirección (por decirlo así, sanar por medio del arte), parece más fácil convencernos a nosotros mismos que ese es el lugar desde el que debemos crear. Puede que nuestro arte florezca y crezca, pero nosotros, como personas, tal vez no.

También existe el caso de que en el afán de ser vistos y escuchados, nos lanzamos de cabeza en las tendencias. Como podemos ver qué es lo que vende, simplemente nos ponemos a hacerlo y no lo consultamos con nosotros mismos. Entonces, de un momento a otro, estamos haciendo arte con características que no nos representan, y de nuevo caemos en la misma situación: podemos estar produciendo obra, o ganando dinero, pero sentimos que algo falta, que nosotros no estamos creciendo.

Hay otro caso al respecto, en el que simplemente no hacemos lo que queremos y sabemos que nos representa porque nos da miedo. Aquí el miedo puede ser cualquiera: que el producto no guste o no se venda, que sea muy difícil de realizar, que no tengamos presupuesto, que no consigamos un buen equipo de trabajo, y un larguísimo etcétera. De nuevo, caemos en la situación que ya expusimos, sólo que en este caso, ni siquiera nos atrevemos a crear.

“El camino del artista” de la escritora y artista Julia Cameron es un libro que nos habla de este tipo de situaciones, o bloqueos creativos. Ella propone un programa de doce semanas para la rehabilitación creativa, como ella llama a este proceso. Las ideas de Cameron, además, contienen un trasfondo espiritual con el que posiblemente muchas personas no estén de acuerdo, lo que hace que este libro no sea para todo el mundo. Sin embargo, hay muchos otros aspectos de este proceso que realmente pueden darnos otra perspectiva acerca de nuestra creatividad.

En vez de decirnos “simplemente ponte a crear”, muchas veces estos ejercicios nos animan a mirar hacia adentro en primer lugar, muchas veces simplemente para conocernos a nosotros mismos. ¿Y de qué nos sirve conocernos a nosotros mismos? Realmente para muchas cosas. Por ejemplo, aprender quiénes somos nos va a ayudar a identificar cuando estemos en una de las situaciones descritas anteriormente, así podremos salir de ellas fácilmente. Además, sabremos qué es realmente lo que nos mueve y nos motiva, incluso podríamos descubrir que hay cosas que siempre hemos creído sobre nosotros mismos que resultan no ser ciertas. Por ejemplo, un músico que se sumerge por completo en el mundo del jazz y se convence de que eso es lo que debería hacer y tocar, y años después se da cuenta de que realmente lo que quería era tocar rock. Hay miles de ejemplos al respecto.

También el tema de conocer y tratar nuestros miedos es muy importante. Muchas veces no nos damos cuenta del detonante del miedo a lanzarnos al agua con nuestras ideas. Y este detonante puede ser cualquier cosa, ya sea un intento fallido anterior, o un comentario de un amigo, profesor, o familiar que una vez nos dijo que no podíamos hacerlo. Conocernos y hacer conciencia de estas experiencias nos da la oportunidad de dejarlas atrás .

Pero además de conocernos, otro proceso interesante al que nos motiva “El camino del artista” es aprender a cuidarnos. Cuidarnos no es simplemente comer bien, tener un horario para dormir, hacer ejercicio, y todas esas cosas que entendemos fácilmente por cuidarnos. Cuidarnos también significa tratarnos a nosotros mismos con cariño y respeto, y aprender a darnos recompensas, y sentir que las merecemos. Tiene lógica, si queremos ser artistas toda nuestra vida, no es muy bueno para nosotros hacerlo siempre desde un lugar de estrés, ansiedad, y miedo.

Esto no quiere decir que como ya sabemos qué es lo que queremos hacer, y qué es lo que nos representa, ahora nos cerramos a todo lo que no sea eso. Darnos la oportunidad de abrirnos, explorar, y experimentar sigue siendo completamente válido y saludable para la creatividad. Sólo que, si realmente nos esforzamos en conocernos y cuidarnos, podremos darnos cuenta si un nuevo camino o una nueva exploración nos trae algún beneficio importante y podamos continuar ahí.

Así que si estamos pasando por un momento de bloqueo, indecisión acerca de nuestros proyectos artísticos, o no sabemos cómo empezar algo nuevo, “El camino del artista” es una lectura muy recomendada. Nunca es demasiado tarde para mirarnos por dentro, respondernos muchas preguntas, y lanzarnos al agua y hacer nuestro mejor trabajo, dejando que nuestra creatividad fluya con seguridad y confianza.

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