“El cuento de la criada”, el libro antes de la serie

Algunas reflexiones sobre el libro antes de ver su adaptación para televisión

En esta reciente temporada de premios, la serie de televisión “The Handmaid’s Tale”, basada en el libro de Margaret Atwood (“El cuento de la criada”) se llevó varios premios importantes, como mejor serie dramática, o mejor actriz. Así que, claramente, las recomendaciones empezaron a aparecer por todos lados. Pero, personalmente, al saber que esta serie se basa en una obra literaria, decidí hacer la tarea bien y por el principio: primero leer el libro, para próximamente empezar a ver la serie.

El libro “El cuento de la criada” de Margaret Atwood se publicó en 1985. Puede ser clasificado como distopía, género en el que brillan obras como “1984” de George Orwell y “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, consideradas por muchos como las obras representativas de la distopía. Después de leer el libro, sin duda alguna se encuentran características similares a estas dos obras, además de una en especial en la que es diferente.

Sin embargo, hay que hablar en primer lugar sobre de qué trata el libro. La autora no especifica exactamente en qué año suceden los eventos de la historia, pero podría perfectamente ser al principio del siglo XXI. Sucede en la República de Gilead, el nuevo nombre para los Estados Unidos después de un nuevo régimen teocrático. Nuestra protagonista es Defred, una mujer que en este nuevo mundo es una criada: en Gilead, las criadas cumplen la función de procrear hijos para la familia de sus propietarios. A través de su relato, Defred cuenta cómo es su vida y la de las demás criadas, mientras por momentos recuerda su vida anterior con su esposo y su hija.

En la sociedad de Gilead pasan muchas cosas muy similares a las sociedades imaginadas por Orwell y Huxley. Lo primero es que el ser humano es reducido a una función, de forma similar a lo que sucede con las clases en el libro de Huxley (Alfa, Beta, Epsilon, etc). Pero en el libro de Atwood, esta clasificación parece incluso más grave y estricta, es decir, la función viene a representar la totalidad del ser humano, pues se prohíbe o controla cualquier otro tipo de comportamiento ajeno a la función, incluso el contacto humano. En Gilead, esto es mucho más severo con las mujeres: hay criadas, esposas, Marthas (cocineras y aseadoras), Tías (adiestran a las criadas), Jezebels (prostitutas), o No Mujeres (divorciadas, homosexuales, viudas, y demás mujeres vistas como impropias para la sociedad).

Defred es quien cuenta la historia, así que obviamente el lector conocerá a fondo el mundo de las criadas. La vida de una criada en Gilead no tiene mayor sentido que el de llevar en su vientre los hijos de su Comandante. No puede hablar con el Comandante, y el contacto con las demás mujeres de la casa es extremadamente limitado. No puede salir de casa, excepto para hacer compras para el hogar o ir al médico, y debe ir acompañada de otra criada, con quien también está mal visto si habla. No le está permitido ningún otro tipo de actividad.

Imaginar que nuestra vida, nuestras relaciones, nuestras complejidades, y todo lo que nos convierte en individuos sea reducido a simplemente desempeñar una función, y casi sin tener contacto alguno con los demás, resulta de verdad desalentador. En este sentido, leer esta sociedad de Gilead retratada por Atwood nos genera una sensación de ansiedad similar a la que sentimos al leer “1984”, “Un mundo feliz”, o también ver “Black Mirror”. Así se siente leer una distopía.

Pero “El cuento de la criada” tiene algo distintivo en su historia, algo que la diferencia de estas demás distopías. Los personajes que viven en estos mundos nacen en ellos, no conocen otra realidad, y a través de sus vivencias se despierta en ellos la curiosidad de descubrir algo más, o escapar. En “El cuento de la criada” esto no es lo que sucede. En la historia de Defred se cuenta cómo vivía ella antes, con su familia y otro nombre (Defred es su nombre de criada, que indica que es “de Fred”, su Comandante), y cómo de repente todo fue cambiando hasta llegar a su situación actual: cómo intentó escapar, cómo vivían la situación las mujeres importantes en su vida (su madre y su mejor amiga Moira), y cómo llegó al Centro Rojo (donde se adiestra a las criadas). Este relato de la vida que se transforma es una de las grandes fortalezas del libro, y resuelve muchas de las dudas que el lector puede plantearse al principio de la lectura.

Ver esta obra adaptada para la televisión será sin duda alguna muy interesante. Como suele suceder en las adaptaciones, el libro ofrece un panorama más completo, así que identificar las diferencias y huecos en el argumento será más fácil. Sin embargo, a la hora de ver la serie, tal vez sea mejor adoptar la actitud de buscar los aciertos y éxitos de la misma, más que los momentos en los que falla, pues es una historia importante por contar.     

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