3 funciones del arte y la cultura

Y… ¿Acaso el arte sirve para algo?

Para los que nos dedicamos al arte y a la cultura, la pregunta por la utilidad del arte nos ataca constantemente, y no sólo desde nuestras propias reflexiones internas, sino que nuestros allegados y conocidos pueden, sin proponerse, lanzarnos semejante bombazo en los momentos más inesperados. Y es que preguntarse por la utilidad del arte dentro de un contexto social como el nuestro es validar nuestras acciones y validar la carrera que hemos decidido profesar.

Nadie niega la importancia de la función de un médico; puede que sí de un abogado, pero todos comprenden que las leyes son necesarias para garantizar cierta estabilidad social. Sin embargo, no existe músico, escritor, productor audiovisual, actor, bailarín o artista al que no le hayan interrogado con cierta cizaña sobre su utilidad y su nebuloso futuro en un sector tan estigmatizado como el cultural.

Es claro que la primera respuesta a estos tortuosos interrogatorios está dada por la pasión. Sin embargo, el veneno de la pregunta puede tener otros aires que estarían apuntando más hacia una dirección un tanto mercantilista del asunto. De qué va a vivir, ya que de un arrojado amor al arte no se come.

Esto nos deja en una situación incómoda, donde debemos explicarle al mundo y a nosotros mismos las razones por las que las actividades culturales deben ser remuneradas. Dicho de otro modo, por qué el papel social que desempeñamos con tanto ahínco tiene que ser recompensado y cuál es nuestro valor dentro del sistema cultural.

Las primeras pistas que obtenemos ante estas preguntas están relacionadas con nuestra capacidad de producir mercancía, objetos que intercambiamos por dinero porque alguien ha logrado empatizar con nuestro trabajo.

Pero más allá de este cliché corto de visión, y de muchos otros como que el arte no tiene función, realmente podemos encontrar características que resultan determinantes y que aportan valor al mundo más allá de la sensiblería general.

  1. La expresión artística es uno de los terrenos más fértiles para la invención, nadie lo niega. Lo que es realmente sorprendente, es que desarrollos de tecnologías y productos masivos hayan sido concebidos en talleres de artistas. Ha sido así desde el principio de la experimentación estética, la ciencia, el mercado y el arte han estado unidos de la mano.

No hay nada más que ver cómo fueron los artistas los que impulsaron el desarrollo de la óptica durante el renacimiento. Tan sólo hace 25 años, el trabajo continuaba de la mano con la Sony Corporation y el desarrollo de los formatos de video digitales de alta definición.

  1. La cultura es el elemento en el cual se insertan las relaciones sociales y por lo tanto es indispensable para sustentar los procesos interpersonales que nos definen como humanos. La cultura para nosotros es el agua para el pez, y es el arte el que genera estructuras que ayudan a darle forma a ese medio que nos rodea, nos contiene y nos define.

De igual forma, el arte tiene la característica de crear vínculos sociales a través de la identificación, siendo la fábrica de ladrillos que constituyen la idiosincrasia de un pueblo. Esto funciona en doble vía, porque cuando los artistas y productores de la cultura se apoyan en una idea carente de los valores más destacables de un conjunto humano, y se apoyan al mismo tiempo en medios de comunicación masiva, pueden ocurrir auténticas calamidades culturales que erosionan los cimientos populares en favor de, por ejemplo, apologías al delito y el refuerzo de estereotipos dañinos.

De este modo, un artista o productor de cultura debe asumir la responsabilidad de constructor social, en vez de revestirse de una actitud corrosiva perjudicial para su propio contexto.

  1. El arte es un vehículo de sentido y es esta su función primaria. La imagen, entendida más allá de la estampa visual pasajera, cumple una labor comunicadora y pedagógica. Desde siempre, el objeto plástico aparentemente despojado de toda utilidad ha estado acompañado de un grado alto de transmisión de información, de lo contrario, no habría estado validado como intención artística y sería descartado.

De esta forma, la imagen ha sido usada desde siempre aprovechando su valor pedagógico, y así han llegado hasta nosotros narraciones extraordinarias, colores sobre la roca desgastados por el tiempo pero que revelan el pensamiento complejo de sus productores, sonidos emitidos lamentando la muerte sobre la estela de Seikilos.

Esta es una invitación a seguir buscando el significado de nuestra labor. La cultura de los pueblos humanos se asienta en un pasado construido por la tradición, florece en las acciones cotidianas de sus agentes y proyecta su legado a través de la técnica y la poética. Teniendo en cuenta nuestras responsabilidades, no volveremos a enmudecer cuando nos ataquen con preguntas que cuestionen nuestro valor de desarrollarnos en un campo vilipendiado pero indispensable para el equilibrio social. Después de asumir conscientemente nuestra responsabilidad, encontraremos el apoyo necesario para continuar ejerciendo nuestrapasión.

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