¿Qué quiere decirnos “Westworld”?

El tema de la inteligencia artificial sigue haciendo que nos cuestionemos cada vez más a nosotros mismos.

Cuando vemos una película o una serie cuyo tema central es la inteligencia artificial, es imposible hacernos una serie de preguntas que en últimas no se tratan tanto de dicho tema, sino de nuestra propia condición humana. Qué es lo que define que seamos humanos, cuál sería nuestro lugar en un mundo compartido con seres con inteligencia artificial, o si se pueden replicar del todo las complejidades del ser humano. Parece que justamente este es el propósito de los directores o autores detrás de historias como “Blade Runner”, “Ex-Machina”, “Ghost in the Shell”, o “Westworld”, de la que hablaremos en este artículo.

“Westworld” ocurre en tiempos futuros, en un parque temático ambientado en el oeste de Estados Unidos, cuya principal atracción son los anfitriones: androides con una avanzada programación, que los hacen casi idénticos a los humanos, que además tienen ciertas pautas o narrativas propias a partir de las que pueden interactuar con los visitantes del parque, incluso con la capacidad de improvisar y desviarse un poco de ellas. Sin embargo, pese a su enorme similaridad a un ser humano, no dejan de ser creados artificialmente, y podemos ver día tras día como sus narrativas se repiten y se repiten.

En cuanto a los visitantes del parque, o huéspedes, podemos ver dos tipos de comportamiento, y ambos nos cuestionan. Por un lado, están quienes parecen ir al parque para dar rienda suelta a sus comportamientos más salvajes e incluso socialmente inaceptables. Los huéspedes no pueden morir en Westworld, los anfitriones de cierta manera sí, pues a pesar de la cantidad de disparos recibidos, son reparados y al día siguiente vuelven a retomar sus narrativas. Así que, como no se ve que haya un verdadero daño, a lo largo de la serie se ve cómo muchos huéspedes se dedican a matar a los anfitriones. La pregunta es: ¿si la violencia no tuviera consecuencias morales, sociales, etc, sería el ser humano más violento?

Siguiendo con esta misma pregunta, hablaremos de Logan y William, dos visitantes al parque. En la serie se muestra la primera visita de William, quien al principio se ve que está a la expectativa, incluso un poco escéptico. Logan, su futuro cuñado, que además es quien lo invita al parque, le repite incesantemente lo maravilloso que es, e incluso le dice que las personas van a Westworld para encontrarse con ellas mismas. Pero una vez llegados, se ve que la motivación de Logan es, precisamente, la violencia y el sexo (otra de las grandes atracciones del parque son las prostitutas anfitrionas). ¿Puede esto considerarse encontrarse con uno mismo? Para algunos puede que sí, pero vemos claramente que William no piensa lo mismo.

En la historia de William, vemos que es alguien que ve más allá de las atracciones banales que tanto motivan a su compañero. Sus principales interacciones son con Dolores, la primera anfitriona que existió en el parque. William observa a Dolores, y vive con ella varias aventuras, que la hacen desviarse bastante de su narrativa predeterminada, y empieza a ver en ella comportamientos cada vez más humanos y está seguro de que hay algo más en Dolores, algo más parecido a una consciencia propia.

Como espectadores, la historia nos lleva a considerar la postura de William y a estar cada vez más de acuerdo con él, incluso a veces llegamos a sentir más empatía y compasión por los anfitriones que por los humanos. Es aquí cuando aparece una frase fundamental, dicha por el Dr. Robert Ford, el director del parque (interpretado maravillosamente por Anthony Hopkins):

“Los humanos creen que hay algo especial sobre la forma en la que percibimos el mundo, y sin embargo vivimos en loops tan estrechos y cerrados como lo hacen los anfitriones, contentos, en la mayor parte, de que nos digan qué hacer después”.

¿Es por esto que podemos empatizar más con un personaje no humano cuando vemos “Westworld”? En gran parte sí, pues esta frase sin duda nos hace pensar en cómo vivimos, y comprobar que indudablemente, nosotros también tenemos nuestros propios loops y narrativas. En nuestro caso, podríamos llamarlas etiquetas. Nos identificamos con ellas y dejamos que determinen nuestras opciones y nuestras decisiones, decimos “soy alegre”, “soy tímido”, “soy inteligente”, o “soy irascible”, y vivimos de acuerdo a eso. De hecho, muchas veces, ni siquiera somos nosotros mismos los que nos ponemos esas etiquetas, sino que dejamos a otros decir o decidir qué es lo que somos.

Muchos ejercicios para estimular la creatividad nos invitan a dejar estos patrones preestablecidos a un lado, y empezar a pensar de otra forma, ejercitar nuestra capacidad de improvisación, para empezar a darnos cuenta de otras cosas. Si dejamos de lado nuestras etiquetas, vemos que realmente existe en nosotros el potencial para ser muchas cosas que no habíamos pensado antes. Algo parecido sucede con los anfitriones de Westworld: pueden ser reprogramados con nuevas narrativas. Para saber qué ocurre cuando se reprograma a ciertos anfitriones, hay que ver la serie y comprobarlo (pista: es una reacción bastante humana).

“Westworld” es una serie que nos invita a abrir los ojos. Es una serie sobre inteligencia artificial, pero que nos lleva a pensar más allá del tema y nos hace pensar sobre nosotros mismos. Nos hace pensar de qué manera nosotros mismos nos hemos estado programando durante nuestras vidas, qué etiquetas nos ponemos, y nos dice que por difícil o imposible que parezca, tenemos la capacidad de elegir si queremos seguir obedeciéndolas.

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