Retratos de un Juego de Sombras

En esta conversación con a la guitarrista bogotana Natalia Rose, conocemos la historia y los conceptos detrás de su primer disco.

“Retratos de un Juego de Sombras” es el primer disco de Natalia Rose, guitarrista bogotana que recientemente terminó sus estudios de música con énfasis en jazz. Este disco es el resultado del proceso de su trabajo de grado, y recientemente tuvimos la oportunidad de reunirnos y conversar con ella al respecto, para conocer un poco más de qué se trata, y cuál es su propuesta.

La idea inició hace aproximadamente dos años, impulsada por la inquietud de crear música que pudiera vincularse con más tipos de artes. Una de sus grandes fuentes de inspiración fue el documental “La sal de la tierra”, que muestra los retratos realizados por el fotógrafo Sebastião Salgado, retratos de personas ajenas a la cotidianidad de las ciudades. Después de ver este documental, Natalia decidió empezar a explorar la composición musical a partir de retratos, inspirándose en el trabajo de algún fotógrafo colombiano.

Las fotografías de Camila Malaver Garzón fueron la inspiración para su primer proyecto. Estas fotografías fueron tomadas en el municipio de Barranco de Loba al sur de Bolívar, ubicado en la depresión momposina: una cuenca sedimentaria recorrida por el río Magdalena. Estas fotos correspondían con lo que Natalia buscaba: mostrar de una forma artística y muy natural una cotidianidad desconocida para quienes estamos acostumbrados a la vida en las ciudades, una realidad de una sociedad abandonada por el estado. De ahí nació el nombre “Retratos de un juego de sombras”, el juego de sombras hace referencia a esta manera de vivir que no percibimos fácilmente, que se pierde un poco.  

Otra gran fuente de inspiración fue la música programática, que alcanzó un alto punto de desarrollo en el Romanticismo. La música programática pretende representar imágenes, historias, emociones, etc, y generar en el oyente ideas e imágenes. Para Natalia, la música programática es música llena de emociones, que permite al oyente sentir la pasión del compositor. Así, decidió acercarse a este proceso de creación tomando este estilo de música como una inspiración más.

Teniendo como referentes las fotografías de Camila Malaver, la música programática, y textos sobre fotografía, como “La cámara lúcida” de Roland Barthes, llega el momento de la composición de los temas del disco. Para Natalia, hubo muchas maneras de plantear la composición. Un método fue el de aprehender elementos visuales que se pudieran plasmar en la música. Esto se ve en “Construcciones perpetuas”. La foto que inspiró este tema muestra la fachada de una casa, por la pared crece una hiedra y hay agujeros de balazos. La hiedra fue el elemento que inspiró las melodías del tema, pues imitan su crecimiento, cruzándose y separándose entre ellas. Además, Natalia tomó como referente la narrativa que le sugirió la foto y la plasmó en las dinámicas, empezando el tema con suspenso y pasando por momentos de tensión, interpretando la tensión como el momento de los balazos.

Otro elemento muy importante para plasmar ideas extra musicales en una composición musical son los leitmotivs, un recurso que se le atribuye enormemente al compositor del Romanticismo Richard Wagner (cuya obra, precisamente, pretendía en gran medida vincular la música con artes diferentes, como la dramaturgia o la poesía). Este recurso aún se utiliza mucho actualmente, en especial en las bandas sonoras. Consiste en un motivo que representa una idea o un personaje, y aparece varias veces a lo largo de una obra, cada vez que aparece el personaje, por ejemplo. Natalia utilizó este recurso en “Flores traslúcidas” para representar al niño con una sombrilla negra que aparece en la foto, y este motivo del niño se mueve y se desarrolla sobre una armonía permanente. “Resplandor” es otro tema en el que se usa este mismo recurso, el motivo principal (que representa a un hombre con un sombrero) pasa por transformaciones similares a las que ocurren con un motivo de la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz.

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Una pregunta muy interesante que surgió en la conversación con Natalia fue la pregunta sobre el reto más grande en este proceso. Al inicio del proceso, la idea que se tenía era realizar música que fuera puramente descriptiva, en la que sería necesario que ella se separara de la realidad subjetiva, y de lo que le sugerían las fotos. Pero al proceder de esta manera, Natalia encontró que esto afectaba su propio sentimiento sobre las fotos y limitaba sus posibilidades compositivas y su expresividad, así que concluyó que no había manera de evitar el aspecto subjetivo.

Con relación a esto, otra idea inicial era proyectar las fotos en el momento de presentar las obras en concierto para que el espectador relacionara la imagen con lo que estaba escuchando. Pero también Natalia llegó a la conclusión que tener una imagen proyectada también limitaba la experiencia del oyente y no permitía que su imaginación fluyera libremente para crear imágenes y percepciones propias, pues esta música de todas formas puede sostenerse por sí misma, siendo las imágenes solamente una inspiración. También tiene mucho que ver el hecho de que la música sea instrumental, la letra también puede funcionar como una imposición para que la imaginación vaya en determinada dirección. Ciertamente es muy interesante ver cómo al resolver las limitaciones, Natalia encontró el objetivo real de su proyecto: crear música para que el oyente pueda tener su propia experiencia.

Este elemento subjetivo está plasmado en el disco en temas como “Arcos”, en el que las melodías ascendentes y descendentes son la forma en la que Natalia interpreta las ondulaciones del agua (la foto muestra a un hombre en una canoa, pescando en medio de un río). En otro tema del disco, “Senderos”, la inspiración fue la propia percepción que Natalia tuvo de la foto, más que describir la escena que se muestra en la foto. La subjetividad, en la composición de este disco, no sólo tiene que ver con la percepción personal, también con la música escuchada, y los aprendizajes personales.

Los músicos que participaron en el disco también desempeñaron un papel importantísimo en la música (Óscar Triviño en el teclado, Sergio Sotelo en la batería, Rodrigo Pardo en el contrabajo, y Pablo Muñoz en el saxofón tenor). Natalia nos comentó que siempre tuvieron una actitud de receptividad hacia su idea y sus composiciones, poco a poco fueron conectándose más, para poder aportar al disco con sus percepciones y sensibilidades personales.

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En este momento, después de la grabación del disco y la presentación del proyecto, los objetivos para Natalia son, principalmente, tocar sus composiciones en varios escenarios de Bogotá. En estos conciertos ya ha presentado nuevos temas, que siguen la misma idea de utilizar y describir las propias percepciones, como en “Ciprés”, una nueva composición, basada en lo que este árbol representa para ella. Otro de sus objetivos es seguir explorando el vínculo entre la música y el arte visual, y en un futuro, posiblemente experimentar inspirándose en la pintura. En los conciertos, la idea es seguir cumpliendo ese objetivo real: darle la oportunidad a los oyentes de tener experiencias subjetivas con la música y darles la libertad de imaginar.  

El disco “Retratos de un juego de sombras” ya está disponible en plataformas digitales y en físico, para escuchar y disfrutar.

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