Cómo estructurar un disco

El orden en el que aparecen las canciones de un disco no es una decisión para nada aleatoria. Es momento de escuchar algo de música y descubrir por qué.

En el mundo de la música comercial, se ha visto cómo el lanzamiento de solo un sencillo se ha vuelto incluso más importante que el lanzamiento de un álbum completo. Sin embargo, parece que la magia del LP no se desvanece del todo, pues artistas de todos los géneros, comerciales o no, buscan estrategias creativas para darle vida a sus discos. Una de estas estrategias es concebir el álbum como un viaje sonoro, o como una historia para contar, para darle un concepto más artístico que comercial. Y para hacer esto de la mejor manera, hay que fijarse en la estructura.

Ahora bien, es preciso hacer una distinción: concebir un disco como un viaje o como una historia no significa hacer de este un disco conceptual. Si bien encontrar un concepto a desarrollar en un álbum es una forma de unificar su contenido y transmitir dicho concepto o historia, de igual forma sigue siendo necesaria una buena estructura para ello.  

El problema de la estructura puede ser resumido en una simple pregunta, que parece mucho más sencilla de lo que es realmente: ¿en qué orden irán las canciones? El youtuber, compositor y autor Friedemann Findeisen planteó este problema en su más reciente video, que compartiremos a continuación, donde Findeisen nos cuenta la solución que propone.

La estructura de tres actos que nos explica Findeisen es un concepto extraído del complejo arte de contar historias o storytelling. Es la forma más simple de contar una historia. Adaptando este concepto a la estructura de un disco, tenemos como resultado una guía en la que ordenamos las canciones del disco en un orden de introducción, conflicto, y solución. A continuación dejaremos que la música hable, con algunos ejemplos de cómo muchos han usado este tipo de estructura o partes de ella.

Es casi obvio señalar que la manera en la que inicia un disco es muy importante. Aquí se trata de atraer la atención del oyente, y capturarla. Según la estructura propuesta por Findeisen, esta sección de inicio puede componerse de una canción introductoria, un sencillo fuerte, y a continuación la canción con más energía del disco. El legendario “OK Computer” de Radiohead cumple con parte de esto, dejando en el segundo lugar (después de “Airbag”) esta increíble canción:

Sin embargo, muchas bandas omiten la canción introductoria e inician sus discos con el sencillo más fuerte. Es el caso de “Nevermind”, en el que Nirvana, sin preámbulo alguno, atacan con su canción más conocida.

También puede ser que la primera o primeras canción (o primeras canciones) no sea necesariamente un sencillo, sino una canción con la suficiente magia para introducir a los oyentes al ambiente del disco. Black Sabbath y su primer álbum son un gran ejemplo, pues las aterradoras disonancias de la primera canción no solo despiertan la curiosidad del oyente, sino que marcaron el inicio del heavy metal.

La sección de la mitad es muy curiosa, pues puede ser tratada de diferentes maneras. Hay quienes deciden dejar para esta sección cortes más experimentales, y hay otros quienes deciden poner en esta sección la mayor fuerza o energía. Según Findeisen, en esta sección debería ir una canción que actúe a modo de plot twist, para introducir algo diferente y demostrar todas las capacidades del artista. “Porcelain” de Red Hot Chili Peppers (del disco “Californication”) es un buen ejemplo, después de una retahíla de canciones con energía, fuerza, y funk, llega esta canción, similar a una balada jazz.

En “Grace” de Jeff Buckley, su archiconocido cover de “Hallelujah”, está en la mitad del disco.

Esta estrategia en la estructura también está en “Random Access Memories” de Daft Punk, con “Get Lucky”.

El final del disco se parece mucho al inicio, pues aquí también se trata de no perder la atención del oyente y dejarlo con ganas de seguir escuchando. Por eso, muchos discos terminan con baladas melancólicas. Así sucede con “Hurt” de Nine Inch Nails, es la última canción de su disco “The Downward Spiral”:

El final de un disco también puede ser un espacio para experimentar, como lo hicieron los Beatles con esta canción:

Y lo contrario, también se puede terminar a lo grande, como lo hizo Iron Maiden, dando cierre a su “Powerslave” con uno de sus temas más épicos.

Ser estratégicos con la estructura de un disco es definitivamente un gran apoyo para asegurarse de que como oyentes nos embarquemos en el viaje, nos metamos en la historia, nos involucremos con ella y con el artista que nos la cuenta, y quedemos con deseos de más música, más discos y más conciertos.


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