Agencia, escritura y potencia

La escritura es una metamorfosis del tejido. Fue concebida cuando la complejidad de las fibras humanas fue plegándose en capas, e impregnada de un gesto definitivo, desbordó el presente.

Desde un entendimiento expandido, la escritura es un crisol de representaciones con la capacidad de manifestar relaciones entre elementos, y de contenerlos durante un tiempo. Su cuerpo debe ser capaz de albergar el registro simbólico portador de sensaciones.

En su estructura sistémica tiende una conexión al lector con un no presente, o por lo menos con un nudo de ahoras, y enseña una puerta con llave a múltiples niveles de interpretación. La cerradura reacciona a distintos códigos de lectura, abre el paso a senderos profundos o a una pared de nada.

La materia escritura es un insumo estructural de las relaciones culturales. Por tiempos el entendimiento europeo ha dividido en dos los pueblos y eras con un sistema de representación gráfica similar a los alfabetos y los ideogramas. Sin embargo, no sólo se escribe sonido a sonido, letra a letra. La escritura expandida no depende de patrones lógicos ni de las articulaciones instrumentales del pensamiento occidental.

Bajo esta luz, y siguiendo el contexto que comparto con mis lectores, es posible proponer una genealogía personal de la escritura, desde el balbuceo de la idea hasta la instrumentalización de la misma para acceder a los privilegios del sistema y del agenciamiento cultural contemporáneo.

Recientemente, Alterciclo ha atravesado un período de convocatorias gracias a la alianza con el proyecto on.act de esporaSur. En uno de los eventos activados desde la colaboración, me preguntaron sobre el rol que tiene la escritura en un contexto de trabajo de agenciamiento social y cultural. Más allá de la respuesta improvisada que pude elaborar en ese momento, quiero manifestarme de forma contundente con el siguiente listado genealógico a partir mis propias experiencias escribiendo.

La no escritura y la escritura no gráfica son herramientas de transformación del conocimiento. Los símbolos, tan centrales en la comunicación, brotan de un gesto sostenido en el tiempo. Los códigos para interpretar la información pueden ser personales o colectivos. Poco a poco, el conjunto de datos deja de sumar y adquiere una propiedad de potencia. El nudo muta en khipu y el dibujo en novela.

Dicha complejidad aparece primero caótica. La escritura activa permite rastrear las relaciones de los signos y de las ideas o sensaciones que sustentan. El desorden aparente refunda su cuerpo en códigos asignados, en lenguajes estructurados tangibles y transmisibles. Este ejercicio posibilita aclarar pensamientos y orientarlos a su materilización.

Pero el enunciado no nace de la nada, sino del seno de la vivencia. La escritura es una tecnología capaz de mantener con vida la memoria. Es uno de los tantos mecanismos de soporte de la experiencia.

En este punto, la escritura deja de ser personal, es un puente de conexión entre los cuerpos sociales. La escritura alimenta el flujo de información compartida en la sociedad, no sólo en un tiempo presente o en un espacio cercado. Es una extensión de la voz y del cuerpo, fría e instructiva, o cálida y empática.

La escritura registra el pasado. Testifica los viajes, oxigena los sueños y conserva el aliento de los pueblos. Asimismo, configura el futuro. Plantea escenarios de acción. Manifiesta mundos paralelos o tangenciales fuera del alcance inmediato. Es un transporte encarnado en literatura, canción, poesía o historia.

Finalmente, la escritura burocrática es la instrumentalización del lenguaje en favor de la comunicación insertada en un sistema económico, jurídico y político, del que estamos sujetos y del que dependemos en este momento para construir agenciamiento. Es heredera del mundo académico occidental, tiene estructuras rígidas y basadas en la lógica. Cae en la paradoja de presentar lenguajes crípticos en la búsqueda por la claridad. En muchos casos es encubridora y despojada de todo rastro de humanidad.

No obstante, es necesaria para ejercer un agenciamiento cultural en el sistema. Los trabajadores del arte dependemos del desarrollo de objetivos, cronogramas y justificaciones, de estudios de impacto y de la redacción de informes. Los esquemas planteados en la esfera proyectista responden a la comunicación de la viabilidad técnica de un futuro sustentado en la evidencia empírica, cuantificable y replicable. En este punto de la historia, el trabajo no es capaz de esquivar este tipo de textos.

La escritura de oficinista es el último reducto donde podría encontrarse la poesía y, sin embargo, la poesía depende de ella.

De este espectro de potencias, podemos rescatar el instrumento, la máquina o el tejido del relato hilado en un gesto para romper el tiempo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s