La Gurbia bogotana

Siempre he sido un aficionado a la música. Esta es una pasión que me ha acompañado desde muy joven y me ha moldeado con el paso de los años. Hizo de los audífonos una extensión de mi cuerpo y de mi voz una llave para cumplir el sueño de estar sobre un escenario. Tal fue mi entusiasmo que participe como vocalista en una banda con la que tuvimos paso por algunos bares y tarimas.

Ninguno de nosotros sabía mucho de música en ese momento, pero de todas formas estábamos ahí. Era una jovial adoración que siempre terminaba en un pequeño santuario-garaje dedicado a la musa de agradable genio. Una adoración que, si bien se disolvió entre los compromisos universitarios e insufrible indisciplina, me caló tan profundamente que se convirtió en amor a la música y todo lo referente a ella.

Es por este amor que nos reencontrarnos en un nuevo artículo para Alterciclo.

Lo que leerán a continuación es la mirada de un amante y no de un conocedor, por lo que no encontraran la elegancia y precisión que el conocimiento técnico otorga a sus iniciados. Esta es excusa que me doy para entrelazar el fascinante sonido del álbum “Gurbia” de un tal Gato ‘e monte[i] con las ávidas letras que garabateo para digerir esta colección de sonsonetes. Es mi pretexto para revivir el entusiasmo que sentía de adolecente y que espero pueda compartir a través de esta entrada.

“Gurbia” ha sido mi primer descubrimiento de este 2021 y mi lista de reproducción más persistente en lo que llevamos del año. Grabado en 2019 por Gato ‘e monte, La Llorona Records y Discos Cabeza, este álbum hace un emotivo recorrido por las calles del sur y centro de Bogotá de la mano de un rolo[ii] con orgullosas raíces campesinas. Un recorrido a través de los versos que componen la radiografía que Gato hace de la capital colombiana.

Es en este inquietante diagnóstico musical que se nos muestran poco a poco las entrañas de la ciudad fuera de la labranza[iii]. Como un afilado bisturí, la jerga bogotana abre el pecho de la urbe para que Gato ‘e monte capture las imágenes de su experiencia en el amor, el trabajo y la violencia tan características de la cultura colombiana. Pero no es solo en su sincero lenguaje que se distingue su trabajo del de otros artistas, sino que es en su rizoma familiar donde encontramos uno de los elementos constitutivos de su estilo.

Es en la herencia andina y llanera de los padres, tíos y primos de este Gato que sus temas adquieren un sonido propio; un sonido que hibrida la cultura urbana de los barrios populares con los orígenes de la gente que los puebla.

Esta hibridación es la cualidad que más me ha impresionado del trabajo compositivo de Gato ‘e monte. Sus canciones son un afectuoso homenaje a las tradiciones culturales de quienes han hecho del autor lo que es hoy en día. Es lo que convierte a “Gurbia” en una caricia a la piel multicolor que recubre una parte de la identidad capitalina.

Nuestro trayecto sonoro comienza en el intermedio del álbum. Sentir que Jorge Velosa y sus carrangeros habían pasado por las cuerdas del Gato me hacía saborear el campo cundiboyacense en el punteo de su Chiflamero[iv]. “Prendado de su pisquero” y “La Monquireña” nos recuerdan los sabores del cocido y las arepas que acompañan el altiplano andino. Son evocaciones de los rasgos criollos del campesino que nos mira a la orilla de la carretera, del ciclista que conquista los brutales altibajos del lugar y de las picaras risitas de las muchachas entre las veredas.

Casi que solo nos haría falta paladear el poderoso “sumercé”[v] para sentir ese viaje por los paisajes de la región. Pero esta dulce remembranza solo nos dura un par de canciones, pues el espíritu de la capital no solo esta colmado de los recuerdos algo lejanos de las bucólicas vistas rurales. Hace falta el apresurado caminar de los bogotanos y bogotanas para condimentar los desgarrados sonidos de este álbum.

Es por este rápido pasar que gran parte de “Gurbia” está impregnada por un joropo que asoma las espuelas; un joropo que ensombrece las recias coplas llaneras y el brillo de sus cuerdas. El sonido del arpa y la bandola que había escuchado en los cantares del Cholo Valderrama o Reynaldo Armas se hacían evidentes, solo que ahora zapateaban al compas del ennegrecido humo bogotano.

“Siquiera” empieza con un vigoroso punteo que nos recuerda al galopar de los jinetes araucanos, hombres que le cantan al ganado y corren apresuradamente para ser alcanzados por la mirada de de sus amores. “La Jeta” con su suave arpegiar nos evoca con nostalgia la suerte de quienes no pudieron alcanzar a su amante. Y a quienes si alcanzaron el lecho de su querencia, “La Mañana”, con un pulso más tranquilo pero igual de contundente, revive la imagen de los caballeros de la Orinoquía que ahora madrugan para ver el amanecer a través de los cerros orientales y no sobre las imponentes sabanas del Piedemonte llanero.

Pero aún estamos muy lejos de Bogotá y necesitamos aterrizar en los destapados sus calles. Es por eso que debemos volver al principio del álbum y levantar la piel acariciada para entrever la agresividad de la ciudad que aspira a metrópoli. Una urbe que hace que los mestizos dejen sus alpargatas para ponerse calzado deportivo y abandonen sus caballos para montarse en Transmilenio.

“Pa’l rancho” y “De la Décima hasta Los Laches” son las piezas que nos descubren la profundidad en la mirada de Gato ‘e monte. La primera de estas canciones nos lleva a los barrios obreros que se conformaron en Bogotá durante el siglo XX, lugares donde encontramos el fuego que echo pa’lante a muchas familias desplazadas por la violencia y la falta de oportunidades para los suyos.La segunda nos trae a la actualidad y nos cuelga del cuello el cansancio y la tristeza que oscurece a muchos bajo la mirada vigilante de Monserrate y Guadalupe. Un collar que se convierte en una cadena de aprendizajes para todo aquel que se ve obligado a rebuscarse la vida entre el polvo y el sol de la sabana.

Ya con esto empezamos a percibir una capital diversa y trabajadora que hebra sus músculos a partir del sudor de sus habitantes. Pero aun así, no hemos completado nuestro examen musical al espíritu bogotano. El folclor y la sensibilidad social son insuficientes para alcanzar las viseras de nuestra ciudad.

Nos hace falta encontrarnos cara a cara con la voluntad hambrienta de las tierras de los muyscas.

Así es como “A patadas, a tiestazos”, “Hondo” y “Si los cerros quieren darle chumbimba a alguien” se convierten en ese enfrentamiento con la profunda ánima de la capital. Son la expresión del hambre de la ciudad por la carne de sus habitantes y manifestación de la violencia que se abre paso entre las amorosas referencias familiares. Por eso en “A patadas, a tiestazos” y “Hondo” podemos sentir la experiencia de un gato que se parte del hambre y que, a punta de golpes y correteos, salta de tejado en tejado en búsqueda de algo para comer y donde esconderse. El cansancio se convierte en dolor por la precaria vida a la que son empujados muchos de los residentes del antiguo zybyn; esa gente olvidada en el fondo de las políticas públicas de la urbe y de un trabajo desgastante sin garantías que los humanicen.

Pero solo es en “Si los cerros quieren darle chumbimba[vi] a alguien” que finalmente destapamos la olla[vii] en la que se encuentra el oscuro corazón de Bogotá. El gato ha visto como otros mininos han caído entre las tejas y se han estrellado contra el pavimento, el cual ha abierto sus fauces y los ha engullido cómodamente. Ha visto, al levantar la piel de la ciudad y hecho a un lado sus músculos, que esta se place al devorar la carne de los desgraciados, entreviendo todas las almas que han sido tragadas por ella.

Esta canción se convierte en un recuerdo de quienes no pudieron pisarse[viii] para buscarse un mejor futuro y del mal que –aparentemente– solo padecen los residentes de las zonas más necesitadas. Aquellas y aquellos que conocieron el hambre de los insaciables y los dientes de otros desesperados.

Es en este punto donde por fin concluimos nuestro recorrido. Hemos dado con el espíritu de una capital atravesada por la identidad de quien la sobrevive y por el sudor y sangre de los que la ocupan. Y es por todas esas desafortunadas y desafortunados que quiero cerrar este artículo con una dedicatoria: Una dedicatoria a quienes han conocido ese corazón y han sido marcados por sus caricias y totazos. Pero, muy especialmente, es una dedicatoria a quienes cargamos con un alma que ha sido aniquilada entre las ácidas lloviznas de la ciudad de Bogotá.

Una ciudad de escupe y exhibe a los infelices a un lado de sus avenidas y carreteras, o que bien los “desaparece” dentro de canecas de basura y al final de los barrancos en los cerros orientales.


  • [i] También conocido como Gustavo Casallas.
  • [ii] Término coloquial para referirse a una persona oriunda de Bogotá.
  • [iii] En la época precolombina, Bogotá era conocida como Bacatá, uno de los Zybyn que conformaban la Confederación Muisca antes de la conquista española. “Bacatá” en lengua muysca significa “remate o fuera de labranzas”, eso según los estudios recopilados por Carl Henrik Langebaek en Muiscas. Representaciones, cartografias y etnopolíticas de la memoria (2005). Pg. 213, 283.
  • [iv] Este es una bandola llanera que fue adaptada por petición de Gato ‘e monte a Gomezele (Gustavo Gómez), lutier bogotano. Para más información, recomiendo la nota periodística y entrevista hecha por Nicolás Gómez Ospina para Cartel Urbano. https://bit.ly/3pn2gC4
  • [v] Palabra mágica para referirse con infinito cariño, respeto y amabilidad a otro u otra compatriota.
  • [vi] Término coloquial para referirse a una muerte violenta y deliberada.
  • [vii] Este es un término coloquial y peyorativo usado para referirse a los lugares en espacio público y privado donde se realizan actividades ilícitas relacionadas al consumo y venta de drogas, armas y trata de personas. También sirve de “espacio seguro” para los algunos habitantes de calle. Recomiendo el estudio sociológico del término por parte de Ángela Cifuentes en su tesis de maestría Se muere en el cartucho pero se nace en la L (Bronx). Un estudio sobre los significados de la calle y la olla en los habitantes de calle de Bogotá. Pg. 47 – 60.
  • [viii] Término coloquial para referirse a la acción de irse o escaparse de un lugar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s