Acción y hallazgos

Hoy es un día de aquellos en los que uno mira en retrospectiva, porque hace cuatro años exactamente, Alterciclo comenzaba a ser un sitio público. Valeria Romero y yo mostrábamos al mundo un proyecto sencillo cargado de certezas ingenuas que nos aseguraban buenos tiempos. Aun así, nos habíamos preparado por meses antes de desvelar el blog. Hicimos pruebas de escritura, derramamos miles de palabras, trazamos estrategias, esculpimos una identidad visual y concebimos planes. Algunas cosas salieron a pedir de boca mientras otras debieron ser reestructuradas o directamente desechadas.

Untarnos de acción en este camino significó hallar factores fundamentales dentro del trabajo de este espacio. Quiero aprovechar esta efeméride para recordarlos y al mismo tiempo honrar la institución sagrada de la evaluación de los procesos de agenciamiento cultural.

Alterciclo para mí ha sido un campo de juego y reflexión. Con el tiempo adquirió movimiento propio y devino, en mi cotidianidad, en un sistema de construcción retroalimentada. Aquí consigno los estudios y aprendizajes de mi trabajo, y día a día aplico en mis agenciamientos aquellas experiencias registradas entre los códigos de la web.

En macro, Alterciclo es una tautología de las acciones emprendidas por quienes hemos escrito alguna vez aquí. Intercambiar experiencias, revisar las obras de otras personas, conversar o hasta hilar monólogos entre artículos, nos ha dado un panorama, todavía modesto, pero suficiente para vislumbrar modos de acción y comprensión de distintos procesos de agenciamiento cultural.

Los factores de aprendizaje que quiero exponer están en función del tiempo y la acción. Por ello la primera clave es precisamente la demora. Paulatinamente hemos construido este espacio. Los planes tanto cumplidos como frustrados nos han conducido por periodos de frenesí o de estancamiento, pero siempre, paso a paso lo que un día fue una idea ahora tiene un cuerpo digital cada vez más equilibrado.

Nosotros mismos también hemos madurado. Pasamos de la previsión ingenua a la planificación concienzuda, y aun así seguimos atentos a toda señal que detone un conocimiento. Vivir el presente con su pulso devela una eternidad de escritura, una letra a la vez; pero revisar la estructura levantada en estos años, especialmente el último, truena en un instante de trabajo acumulado.

Es necesario entonces sacar la segunda clave de un cajón de valores tradicionales. Merece la pena rescatar a la perseverancia en esta evaluación porque sin ella no es posible sostener el peso de las actividades hasta que las estructuras levantadas sean autoportantes. La combinación entre paciencia y acción mínima acumulada en el tiempo es la fórmula indispensable para no desfallecer.

Hubo momentos en los que habría jurado que me faltaba el aliento, y tuvimos que disminuir intensidades, hasta que encontramos los ritmos más adecuados de trabajo. El cuerpo en su recorrido del camino nos indicaba qué tanto apretar el paso, y con las técnicas adecuadas, hemos aprendido a caminar sin clavar la mirada en los pies.

La tercera clave es la flexibilidad, y está en consonancia directa con el reconocimiento de los límites humanos. Trabajar en un agenciamiento cultural requiere de la declaración de las corporalidades de los agentes. Mientras aprendimos a andar, teníamos una traslación maquínica, y poco a poco pudimos articular mejor cada movimiento. De esta forma, los cambios fueron inevitables: a partir de la evaluación modificamos todo aquello que nos constreñía y nos explotaba.

Los límites demarcan las potencias, y aquello que esté en el territorio virtual puede ser materializado, pero solo a través de la estrategia. Así captamos terreno de acción en un lugar u otro, ampliando cada vez más los círculos de alianzas.

Una de las metodologías clave ha sido el Kaizen, la mejora incremental. El dicho reza que el diablo está en los detalles. Continuamente hablamos de sus virtudes porque es a través de pequeñas modificaciones constantes en el tiempo que es posible transformar un agenciamiento por completo. Los procesos son susceptibles de transformarse, y lo que ayer requería un esfuerzo mental significativo, hoy está automatizado. La energía, entonces, puede redirigirse hacia actividades trascendentes. Poco a poco hemos presenciado una renovación profunda.

Lo que inició como un proyecto hoy ya no lo es más. Alterciclo se comporta como una operación. La mecánica de los procesos se afina, algunas cosas se instrumentalizan, y pulimos las herramientas para abrir nuevos espacios. En 2020 consolidamos unos ritmos que nos permitieron experimentar con podcast, y tejer una alianza con el proyecto on.act que nos permitió mejorar la infraestructura. Al mismo tiempo pudimos invitar a más escritores e incorporamos las manos de David Jiménez como colaborador permanente.

Pero ha sido desde mi propia experiencia, tan egoísta e individual como occidental que he podido cultivar los frutos y aprovechar lo que una reunión a finales de 2016 se transformaría en este espacio. A parte de despojarme de la timidez, he podido reconocer mis procesos de pensamiento. Alterciclo alberga el corpus conceptual con el que he construido mi agenciamiento cultural e incluso mi propia obra plástica.

He aprendido a escribir desde un balbuceo indigerible hasta poder sembrar los gestos poéticos en algunos pasajes. La escritura es un ejercicio permanente en el que he podido arrojarme con calma desde aquí.

En este nuevo ciclo, espero seguir compartiendo estos hallazgos, para construir comunidad, para comprender los procesos de agenciamiento y para habitar este punto de encuentro de círculos creativos.

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