Vidas Robadas

¿Sumercé ha ido alguna vez a Fragmentos? Me refiero a ese lugar que colinda con el barrio Santa Bárbara y Las Cruces en el centro histórico de la capital colombiana –como por la carrera 7 #6b-30–. Tal vez lo ubique porque en ese sitio Doris Salcedo puso un piso de metal hecho con las armas de la antigua guerrilla de las FARC-EP. Le hicieron bastante alaraca a este contra-monumento[i] en su momento y desde entonces ha sido un espacio en el que se expone con regularidad sobre la violencia en Colombia[ii].

Bueno… pues déjeme decirle que es aquí donde se está exponiendo la excusa para reencontramos en Alterciclo. En esta ocasión Vidas Robadas. Acción de memoria por las personas asesinadas durante las protestas civiles e Colombia 2019 – 2021, una exposición organizada por la dirección del lugar y Cuestión Pública, ha sido el móvil de mis letras en este blog cultural. Eso y que ya extrañaba quejarme de algo que estuviera pasando en al campo artístico.

Empecemos pues describiendo lo que fue Vidas Robadas

Esta exposición fue, nada más y nada menos, una recopilación de las personas asesinadas en el marco de las manifestaciones sociales entre 2019 y 2021 en Colombia. Aquí se revelaban las fotografías y los nombres de algunas de las víctimas cobradas por el ejercicio desmedido de la Fuerza Pública –en su gran mayoría–, los “actos patrióticos” de civiles armados, los enfrentamientos con la delincuencia oportunista y la justicia a mano propia ocurridas durante este intermitente tiempo de movilización social. También hay que decir que fue un ejercicio curatorial que recogía brevemente los contextos que rodean estas muertes e indican el lugar y la fecha en que estas ocurrieron, el cual estaba acompañado por el fúnebre y solemne Requiem IV: Lacrimosa de György Ligeti.

Mejor dicho: esto fue un mausoleo dedicado al costo humano que han tenido las protestas en nuestro país. Una especie de “lamento desesperado por la pérdida innecesaria de vidas, que nos obliga a reflexionar, a repensarnos como sociedad y a ponernos a la altura del momento para que nuestra salvación sea alcanzable”[iii].

Hay que decir que esto es una respuesta aceptable a la situación social del país. El hecho de que una institución cultural produzca a partir de una situación vigente es un buen indicador sobre las posibilidades de actuación y construcción simbólica por parte de las organizaciones culturales: En el caso de Fragmentos como espacio institucionalizado, la actuación simbólica se da en su reacción y creación a partir de una circunstancia de interés nacional, al tiempo que la construcción simbólica se da en la divulgación a través de una exhibición que podría permitir hablar de un cierto tipo de agenciamiento social. En este último aspecto, Vidas robadas puede ser visto como un dispositivo social que lleva la producción periodística al plano de la construcción simbólica, logrando retener durante un tiempo más prolongado la efímera información dada por los medios masivos de comunicación y permitir un espacio en el que sea posible participar en el duelo de estas personas.

Esta exhibición también ha permitido, siguiendo el análisis del crítico de arte Elkin Rubiano, develar el carácter sistemático de la violencia policial tanto en las protestas como en la vida cotidiana. Según Rubiano, la cantidad de víctimas evidencia que la violencia de los agentes estatales a civiles no es una cuestión de casos aislados sino que es una práctica sistematizada[iv]. A esto me gustaría agregar que no es solo la cantidad de asesinatos lo que evidencia esta situación, sino también es el espacio de tiempo y contexto social en el que se producen. En este sentido, la violencia policial se convierte en práctica sistemática al repetirse sobre varios cuerpos –los civiles que se manifestaban– como enuncia Rubiano, pero también se convierte en práctica al darse en un tiempo determinado –durante las manifestaciones y al cobijo de la noche en su gran mayoría– y en un espacio social determinado –barrios periféricos y zonas de clasificación socioeconómica baja[v]–.

Ahora bien, hay que hacer un énfasis en que Vidas robadas es una respuesta aceptable pero que le falta un poco más para ser una respuesta buena a la situación que estamos viviendo. Para tratar de introducir esta distinción, me gustaría dejarles dos razones para que podamos discutir y tal vez podamos hilar una consideración más precisa de esta exhibición.

La primera razón para considerar que no es buena esta exhibición tiene que ver con una cuestión de tipo logístico. La militarización del acceso al lugar es un problema si se considera la idea de que la experiencia del museo –y cualquier institución u organización cultural– comienza mucho antes de entrar y no solo cuando ya hemos pasado por sus puertas. El hecho de que tuviera que hacer un gran rodeo para llegar al lugar, de que fuera requisado e interpelado por soldados para entrar a Fragmentos me dio la sensación de un muro institucional que no hubiera sido franqueado si no estuviera realmente interesado en ingresar (sí, estoy intentando ponerme en los zapatos de un visitante perezoso y que concurre poco a estos espacios culturales).

Esto puede parecer el lloriqueo de un visitante mimado, pero la cuestión es que la experiencia del lugar se ve apañada por la presencia del brazo armado de Estado que está siendo juzgado dentro de la exhibición.  Pensémoslo desde la experiencia cultural más sencilla. Si sumercé hace parte de los visitantes domingueros que van en plan familiar o los turistas que hacen su check-list cultural –es decir, el grueso del lo que podríamos llamar público general– es muy probable que se lo piense dos veces antes de curiosear dentro de ese cerco. La imagen de hombres armados, varias cuadras cerradas y un espacio de poco tránsito hace poco apetecible el ingresar y conocer el lugar, además de las propuestas que este pueda acoger.

En este caso ese “espacio de diálogo” que promete ser Fragmentos  y su exhibición Vidas robadas se convierte en un espacio con un alcance reducido, ya que al no gestionar de forma apropiada las contingencias a su alrededor no puede asegurar que el acceso a su dispositivo sea de carácter amplio. Sin este tipo de acceso es difícil hablar de un diálogo diverso o de un impacto significativo a nivel social, ya que al no procurar una extensión efectiva de esta situación a un público general –un público que no está conectado al consumo de cierta oferta cultural– el margen de acción de la exposición y de la institución se ve muy corto frente a las pretensiones que se quieren alcanzar.

Y la segunda razón que le quita poder a esta exhibición como dispositivo social y cultural es el hecho de que no se mencionen las razones por las que se protestaba. Hay que valorar el hecho de que esta acción recoja y visibilice parte de las personas que desaparecen entre las estadísticas de mortalidad en las protestas, perotermina siendo un ejercicio incompleto de visibilización al no exponer explícitamente las luchas en las que estas personas estaban participando –bueno, siempre y cuando fueran agentes sociales directamente implicados en las protestas y no victimas colaterales de ella-. Si no sabemos porque marchaban y protestaban estos jóvenes, esta acción de memoria se queda en un lamento a medio camino que disuelve la potencia de compromiso social de la institución y se queda como un dispositivo con un alcance aún más limitado de lo que podría tener.

Tengo la sensación que esta falta de potencia es lo que hace que muchas personas desconfíen de este tipo de acciones que menciona Rubiano en su análisis[vi]. Esta corazonada me lleva a pensar que es por lo poco incomodo que resulta esta muestra a nivel estatal y por la falta de responsables y situaciones enunciadas de forma explícita y concreta que muchos ven con sospecha este tipo de acciones. Hay que decirlo: la muestra en sí misma no exige responsables concretos, sino que habla de un responsable abstracto que es difícil de interpelar como lo es la institución de la policía colombiana.

Es cierto que en la exhibición se intuye una práctica sistemática de violencia contra la ciudadanía, pero no se ahonda lo suficiente en los personajes que ejercen dicha violencia, ni a los superiores de estos agentes que son responsables de sus subordinados frente a las violaciones de los protocolos policiales. Si se ataca a un ente tan grande, complejo y abstracto como la Policía Nacional de Colombia, es muy fácil desviar la atención de los responsables de estas muertes por el simple hecho de que no es posible apresar y juzgar a la institución. Así es fácil que los responsables directos e indirectos se oculten en esa masa informe que es la institución y puedan construir sus chivos expiatorios con suficiente tiempo para librarse de esta, a menos de que ya sea demasiado evidente su implicación y no tengan la solvencia social y económica para camuflarla.

Después de todo esto es probable que sumercé se esté preguntando si habría valido la pena ir a ver la exposición. En ese caso yo le respondería ¡Por supuesto que sí!

Vidas robadas, como se enuncia en este texto,  es una respuesta aceptable a la situación que está viviendo nuestro país. Pienso que valió la pena el sentir en el cuerpo como el Requiem IV y el piso de Fragmentos atraviesa nuestra sensibilidad para después encontrarse con más de 90 rostros que ya habían desaparecido de la memoria pública, los cuales fueron recuperados para darles una vida mucha más larga en la memoria colectiva. Y también valió la pena, dejando momentáneamente de lado la intención loable de la muestra desde una perspectiva ética, entrever algunas problemáticas que pueden atravesar este tipo de acciones y construcciones simbólicas al experimentar esa propuesta curatorial.

Visitar Vidas robadas fue un ejercicio enriquecedor y profundamente sugestivo para pensar y escribir otra vez sobre arte, y en mi caso particular, inaugurar un pequeño espacio de crítica que sirva de punto de encuentro para pensar colectivamente los diferentes fenómenos artísticos y culturales que aparecen y desaparecen en nuestro contexto.


[i] Este es el término con el que Salcedo se refiere a su trabajo. Tanto el concepto como la obra misma tienen mucha tela que cortar, pero por cuestión de tiempo y espacio lo dejaré para otra ocasión.

[ii] Si no lo conoce, le recomiendo que pueda visitar el espacio antes de seguir leyendo. O si le da pereza, al menos recórralo virtualmente. Recomiendo el primer enlace para que pueda reservar su visita y el segundo para hacerse una idea del espacio:

https://reservas.museonacional.gov.co/reservas_v2/public/formulario/museo-nacional

[iii] https://museonacional.gov.co/noticias/Paginas/Vidas_Robadas.aspx

[iv] https://www.youtube.com/watch?v=9vEsINlL4xo&ab_channel=CR%C3%8DTICASINCORTES Min. 3:55 – 4:40.

[v] Esto también es notado por Rubiano a lo largo de su análisis.

[vi] https://www.youtube.com/watch?v=9vEsINlL4xo&ab_channel=CR%C3%8DTICASINCORTES Min. 6:55 – 7:12.

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