Sobre el cansancio

Una fatigada reflexión sobre el cansancio y el rendimiento en las sociedades contemporáneas

¿Sumercé no se ha sentido cansado últimamente? ¿No ha sentido que levantarse en la mañana es más difícil que antes, que los días son cada vez más largos y que las noches se vuelven más difusas entre el azul de nuestras pantallas y el negro de nuestros parpados cerrados? ¿Acaso no ha visto como sus ánimos se desinflan como un globo una vez ha salido del confortable reino de Hipnos?

Si su respuesta a estas preguntas ha sido afirmativa, le quiero dar la bienvenida a la Sociedad del rendimiento. Pero para dar la apropiada bienvenida a este pozo séptico, encuentro necesario recuperar la experiencia y reflexión de una de las ilustres integrantes de Alterciclo, Valeria Romero.

En su artículo El arte de hacer menos, Valeria empieza contándonos un arranque de productividad que no duro ni una semana. Para nuestra autora, la pandemia había provocado una avalancha de actividades y metas por alcanzar que terminaron desbordado su capacidad de trabajo; las interminables actividades digitales y el estricto control del tiempo habían reventado sus expectativas. Esta situación hizo que Valeria aterrizara brevemente en el concepto de la Sociedad del rendimiento del filosofo –y amor intelectual de todos en este blog– Byung-Chul Han, lo cual la hizo denunciar el exceso de positividad como el nuevo paradigma de la sociedad contemporánea.

Este exceso de positividad, flujo mágico que lo hace todo posible porque “Yes, we can”[i] y donde solo es necesario “Just do it”[ii], es el caudal de posibilidades que arrastra un imperativo de productividad al que no le importa los ritmos y procesos humanos. Este nuevo imperativo es la tiranía del verbo “podery su llamada a la motivación, iniciativa y los proyectos hace que nos sometamos a un régimen de auto-explotación que desgasta nuestros cuerpos y mentes hasta el día de hoy. Eso podría explicar porque, tanto Valeria como muchas otras personas, nos sentimos desbordados entre todo lo que ha surgido durante la pandemia del COVID.

Habiendo sentido en mi propia carne este desborde como una condición física –agotamiento, contracciones musculares, onicofagia disparada– y psicológica –estrés, dispersión–, puedo decir que esta situación no se ha quedado confinada en las cuarentenas de 2020. El cansancio ha superado el primer año de pandemia y ha logrado llegar a 2021, actualizando la vigencia de la Sociedad del rendimiento para nuestro contexto.

Pero ¿Por qué carajos sucede esto?

Han habla de que estamos viviendo un cambio de paradigma: la otredad y la extrañeza están desapareciendo en las sociedades contemporáneas[iii]. Esto quiere decir que cualquier cosa que sea diferente a lo aceptado y normativizado empieza a excluirse de la realidad de las personas y las comunidades –porque no hay que olvidar que somos animales sociales–.

Para explicar mejor esto sugiero la siguiente caricaturización: La exclusión de lo que no es aceptado o de lo que es distinto a lo consignado en el papel –digamos, un contrato o la ley– hace que todo lo que sea externo y extraño a nosotros deje obstaculizar nuestra productividad; un ejemplo serian los incidentes no contemplados camino a nuestros compromisos laborales que han sido eliminados por el teletrabajo. Esta exclusión también alisaría los espacios para dichos compromisos; sin lugares y tiempos a los cuales el contratista deba adaptar su cuerpo y posibilidades, no hay razón para que haya estorbos que entorpezcan un “adecuado” funcionamiento de esta diminuta pieza del engranaje. Con todo esto en mente, casi que podríamos decir que la pandemia y su forzoso salto a la virtualidad abrió las puertas a la siguiente escala de productividad del trabajo humano.

Esta es solo una interpretación indolente de la forzosa transformación laboral, pero es un buen ejemplo de la tendencia a una positivación reduccionista que elimina de la experiencia todo lo que molesta y que caracteriza a la Sociedad del rendimiento.

Ahora bien, esto de la positivación reduccionista es una tendencia que elimina todo lo que no alimente el proceso de globalización reinante (es decir, los límites que dificulten el intercambio económico). En este punto se liman y pulen las experiencias para generar un exceso de positividad –un exceso que estímulos considerados positivos– que transparenta, alisa y allana todo para poder insertarse sin resistencia en el torrente del capital, la comunicación y la información[iv]. Así la sociedad es una sociedad sin negatividades, se convierte en el Infierno de lo igual[v] disfrazado de paraíso.

Y todo esto tiene como consecuencia la tiranía del verbo “poder”. Ya no tiene excusas para dejar de hacer las cosas; sumercé puede hacerlo todo, si se lo propone. No tiene excusas para no acceder y participar; puede hacerlo todo a un click de distancia y concurrir a cualquier actividad inclusive desde el anonimato. Si no tiene la obligación de tomar transporte público e inclusive de arreglarse para verse con otras personas, ni piense que tiene excusas para no ser más productivo en su trabajo y para rendir mucho mas de sus capacidades.

Just do it because yes… we can. And most important: You CAN!

Debo serle sincero, estimada lectora o lector de Alterciclo. Al igual que nuestra querida Valeria, escribo este texto profundamente metido en esta Sociedad del rendimiento. Redacto estas últimas líneas en una fría madrugada del 14 de septiembre –día de publicación de este artículo– y presionado por múltiples responsabilidades generadas por un exceso de positividad que nublaron el entendimiento de mis propias capacidades al abordar diferentes proyectos. Un exceso que incluso permití que degenerara en un rechazo por la escritura de este mismo artículo.

Con todas las alarmas encendidas en mi cabeza al entender estas ideas y verlas reflejadas tanto en el cotidiano de otras personas como en mi día a día, quedo en deuda con sumercé. Es necesario proponer algo para luchar contra esta circunstancia y no simplemente dejarlo como muchos artículos que no pasan de lo divulgativo. Por eso le prometo, con todo el compromiso que puede generar la palabra escrita, que este tema no terminará aquí.


[i] Eslogan de la campaña presidencial de Barack Obama, ex presidente de los Estados Unidos.

[ii] Esogan de Nike, compañía de calzado estadounidense.

[iii] La sociedad del cansancio, pg. 15.

[iv] La sociedad de la transparencia, pg. 11.

[v] Este es un concepto que intenta dar cuenta de la homogeneización de la sociedad gracias a los procesos sociales, económicos y culturales productos del capitalismo. El Infierno de lo igual es un momento donde “los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno [en un sentido sartriano], el otro como dolor va desapareciendo” (Han, La expulsión de lo distinto, pg. 9) y donde ya no se da la constitución de la experiencia en un sentido enfático desde la negatividad y la transformación, sino solo una expresión de lo igual [o como una expresión lo que se parece a sí mismo dentro de los límites marcados por el capital] ((Han, La expulsión de lo distinto, pg. 12).

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