Internet para aprender

Las autopistas de la información pueden conducirnos a desplegar habilidades, vínculos y experiencias en diferentes áreas del conocimiento.

Recuerdo que en mi infancia salía uno que otro documento hablando sobre el futuro de la educación. Era el cambio de siglo y la percepción de las potencias de la nueva tecnología era una promesa casi utópica. El tema me interesaba particularmente porque, mientras esas discusiones auguraban un futuro prometedor, yo estaba sufriendo sentado en las sillas duras de las jaulas de clase (sí, con “J”). La sensación residual de esa época es desagradable, centenares de horas estériles atrapado en el claustro escolar. A un par de grados de finalizar el ciclo medio pude escapar y probar un poco de aquellas metodologías que se habían estado experimentando con la instauración de las tecnologías de comunicación. Entré a un par de colegios virtuales que seguían teniendo, virtualmente, los mismos métodos de la escuela por radio de los años 60. La promesa de la renovación digital estaba ejecutada con estándares obsoletos, una autopista revolucionaria hacia la nada.

El resultado fue anodino. No fue gracias a los diferentes procesos escolares sino a pesar de ellos que mi curiosidad aún transita. De alguna forma, entre las grietas del sistema educativo y la vanguardia en comunicación a la que tuve la suerte de acceder, pude encontrar un espacio de exploración personal para satisfacer mis preguntas. La respuesta natural fue el aprendizaje autónomo con apoyo en las fuentes a la mano. Por internet crecí y conocí.

Los imaginarios más optimistas sobre la red no han cambiado demasiado. Es un espacio para conocer, para conectarse con el mundo y sus gentes, para aprender y adquirir las habilidades necesarias y trascender las dificultades de la vida contemporánea. Dicho mito, a pesar de sus limitaciones, nos permite aproximarnos a las potencias de la conectividad. Más concretamente, Internet es infraestructura de tráfico; las aplicaciones, vehículos; sus funciones, herramientas; y los servidores, destinos. Bajo este marco es posible circular hacia información jugosa sobre un proyecto particular que tengamos o quedarnos dando vueltas infinitas en una quimera entre glorieta y drive thru.

Las formas del aprendizaje en internet son infinitas. Los diferentes grados de autonomía implican que podamos optar por una ruta programática milimétrica o por la deriva absoluta. En el momento de escoger un área de interés específico conviene trazar un mapa de la materia para recorrerla. Habrá temas técnicos, teóricos, comunicativos, creativos, etc. La red alberga información sobre casi todas las áreas de conocimiento y también la posibilidad de entablar vínculos con personas dispuestas a compartir y apoyar la formación. Canales de video y podcast, tutoriales, grupos y comunidades de aprendizaje, plataformas de formación y educadores particulares. Las opciones gratuitas son muchas, sin embargo, el acceso a ciertos conocimientos o a ciertos métodos podría ser pago. En dicho caso no está mal sopesar si la oferta puede llegar a satisfacer justamente nuestra necesidad de educación.

Por supuesto, existen peligros. No hablo sólo de naufragar en el contenido de las redes sociales mientras pretendemos integrar un concepto. El riesgo no es perderse en el conocimiento y la experiencia sino en los prejuicios y los dogmas. Esto no será evidente si lo que se investiga es un lenguaje de programación frontend como HTML5 sino en áreas del conocimiento que tienen una responsabilidad directa sobre los procesos de vinculación social. De igual forma, podemos exponernos a alguna modalidad de estafa. Para afrontar estas situaciones nos queda la investigación crítica, calmada y consistente. Recabar información es una habilidad edificada sobre la práctica.

Aprovechar el acceso a la red para integrar conocimientos y articularlos a nuestros contextos es una potencia genuina a esta altura del siglo. Aunque la pandemia nos haya obligado a encaminarnos por la educación virtual y hayamos experimentado momentos amargos brindados por metodologías escolares inflexibles, son los programas educativos y no necesariamente los medios ni los contenidos los que pueden resultar agobiantes. Por eso hago un llamado a identificar aquellas habilidades que queramos desplegar y a cartografiar las mejores estrategias para llegar a ellas. Si tenemos la posibilidad de acceder a una herramienta hagamos uso de ella de forma responsable, y no olvidemos que Internet y educación son derechos y no privilegios, seamos activistas por su acceso universal.

A modo de epílogo y para cerrar mi experiencia escolar y universitaria, por ironías del destino la catástrofe global me llevó a obtener mi título con encriptación blockchain y a asistir a mi grado en chancletas por streaming desde mi casa. No me quejo, pero ya me queda claro que la educación y el internet son un solo cuerpo en mi historia y en mi vida.


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